Lectores y escritores

En este apartado el protagonista es el lector y sus creaciones, EL LECTOR ESCRITOR, en su sentido más amplio; es decir, no sólo el lector de mis libros sino todo aquel que quiera enriquecer este rincón literario con sus textos. Envíalos a la dirección:

miguelangelguelmi.escribe.narramos14@blogger.com



En el "asunto" de tu correo escribe el título de tu composición, tu nombre y, si lo deseas, tu lugar de residencia. Ejemplo:





La luz en la niebla. Pedro Márquez. Gran Canaria.



Por último, escribe o pega el texto en el cuerpo del mensaje.



¡Y RECUERDA! Cuida la ortografía y los signos de puntuación.



¡BIENVENIDOS!

Al doblar la esquina.Cristian Pérez

Era una mañana fría de invierno,yo andaba caminando por mi pueblo con mi perro cuando de pronto al doblar la esquina nos encontramos con unos viejos amigos que no veía desde hacía seis o siete años.Se me erizaron los pelos cuando lo ví,luego se me pusieron los pelos de punta cuando con una alegre voz me saludó.Yo no me lo creía,pero era cierto,allí estabamos como en los viejos tiempos,dos viejos amigos.
Fuimos a dar un paseo,él me dijo que estaba aquí porque había venido al entierro de su abuela.Eso me hizo sentir mal,pero él dijo que no pasaba nada,que son cosas que pasan.Solo se quedaba un día y después volvía a Holanda,donde se había ido a vivir porque su padre tenía que trabajar allí.
Al día siguiente,quedamos para estar juntos un rato,pasar el día hablando y contarnos cosas que nos han pasado ultimamente,porque se mudó tan rápido que no nos dió tiempo a despedirnos.Pero ese día me dió una de las mejores noticias,se venía a vivir de nuevo porque habían heredado la casa de la abuela y entonces,desde ese momento,pasamos muchos días juntos,como los grandes amigos que eramos.Todo sucedió al doblar aquella esquina

Al doblar la esquina. Mélani Jordán Reyes. Gran Canaria

Era media tarde, todavía estaba el sol en todo su esplendor y por eso elegí el banco que estaba al fondo del parque, a la sombra de un gran árbol. Llevaba ya un rato sentada cuando las campanadas del reloj de la iglesia me sobresaltaron. Uno, dos, tres, cuatro, cinco – todavía me queda media hora. Habíamos quedado a las cinco y media, yo quise ir antes para intentar relajarme porque me había pasado todo el día dándole vueltas a la cabeza y la noche anterior a penas había podido pegar ojo.

No estoy dispuesta a seguir tragando, ya le he dado varias oportunidades y siempre sigue haciendo lo mismo. Le voy a dar un ultimátum, sus amigos o yo. En los tres años y medio que llevamos saliendo siempre ha antepuesto sus amigos a mí y no es que yo sea una acaparadora, pero si ha quedado conmigo, que no se invente escusas para irse con ellos porque una vez está bien, dos, tres, pero son muchas ya y no aguanto más,

Estaba distraída cuando oí unas risas a lo lejos que era inconfundibles. Era Ismael con dos de sus amigos. Como siempre, yo preocupada pasándolo mal y a él da la impresión que todo le resbala, que no me toma en serio. Me estoy dando cuenta que en el fondo es un inmaduro. No merece la pena alargar más esta relación basada en lo bueno que has vivido.

Levanté la cabeza para ver por dónde venía y lo veo doblar la esquina. Una vez más me había dejado, pero ya se acabo y sin explicaciones porque no se las merece.

Al doblar la esquina- Fran Ramos López - Gran Canarias

Todo ocurrió uno de los mejores veranos de mi vida donde conocí a aquella chica tan hermosa. La conocí mientras yo iba hacia mi casa pensaba en encontrarme con esa chica que tanto deseaba, pero sabía que era imposible de encontrármela y poder hablarle, porque siempre he sido un poco vergonzoso y sabía que no sería capaz de hablarle y por eso es que me da un poco de corte verla porque haría el ridículo delante de ella y pasaría de mí para siempre.

Entonces mientras pensaba todo esto, iba caminando por la calle y llegue a una esquina y la doblé y me tropecé con una chica joven y me quedé todo preocupado porque le había tirado todas sus carpetas y libros al suelo ya luego al ver quien era me quede de piedra no sabía que hacer ni que decir entonces le pedí perdón, le pregunte que como se encontraba después de haberle recogido sus cosas del suelo, entonces ella me contesto con esa voz de ángel que tiene que no pasaba nada que se encontraba bien. Luego de haberme contestado como se encontraba seguí para mi casa con una sonrisa dibujada en mi cara por haber podido hablar con ella. Al día siguiente la vi sentada sola en un banco del parque y decidí de ir a sentarme junto a ella y hablar, pero no sabía que hacer porque tenía vergüenza pero entonces pensé que si iba y me sentaba con ella e intentaba hablar con ella no perdería nada que no tenía por qué tener vergüenza. Así que fui y me senté al lado de aquella chica en la que pensaba sin parar, ya una vez sentado le hablé y nos fuimos conociendo poco a poco y me cayó demasiado bien y creo que a ella también le caía bien. Y cada vez que veía su sonrisa mientras le hablaba me enamoraba cada vez más. Pasaron los días y siempre nos dejábamos ver en el mismo banco, un día ya no podía mas y tuve que decirle que me había enamorado de ella que si ella no sentía lo mismo por mi daba igual que había sido esas semanas junto a ella de las mejores de mi vida que nunca había sido tan feliz, entonces ella me dijo que también sentía algo por mi , ya ahí yo me quede sorprendido y no puede aguantar mas y se lo pedí que si quería salir conmigo, ella respondió a esto que sí.

Y desde ahí no nos hemos dejado de ver nunca. Así fue como nos conocimos ella y yo aquel verano.

Al volver la esquina. Heriberto José Gil Moreno. Gran Canaria

Una mañana de enero en un lugar llamado Guía, al volver la esquina Juan se encuentra con un perro de color negro con manchas blancas, el perro se para delante de él. Moviendo ágilmente la cola se dispone a darle un sobre que llevaba en su bonito hocico. Juan, muy sorprendido lo acepta y se dispone a leer la hoja que iba dentro. Hola, Juan, soy Manuela ¿te acuerdas de mi? Jaja soy la chica que conociste el día que estabas sentado en la plaza tomándote un clipper de fresa. Espero que te acuerdes de mí. Te he enviado esta nota para ver cunando podíamos quedar en el sitio en el que te conocí, si tu quieres.

Juan sacó su apreciado bolígrafo que solía llevar siempre en su bolsillo de la camisa y empezó a escribir: hola, ¿que tal? espero que estés bien; como yo. Pues sí, me acuerdo de ti, como no me voy a acordar con lo bien que lo pasamos aquel día en la plaza, yo tomándome el clipper y tú derritiéndote por mí. Pues a mí no me parece mal la idea de quedar un día pero me gustaría quedar en otro sitio dónde yo domine mejor el ambiente. Aquí te escribo mi número de móvil para que me llames y me digas que día y a que hora quedamos y donde.695751535. Hasta pronto. Le devolvió la hoja al perro y dándole un suave y cariñoso golpe en el lomo ambos siguieron su destino. Dicho sea de paso que Juan iba a su trabajo que era embotellando clipper de fresa e las botellas que después saldrían al mercado.

Por la tarde una vez llegado a su casa sonó el móvil y no podía ser nada más y nada menos que la indudable Manuela. La chica desesperada por oír un sí le pregunto que si le vendría bien aquella noche a eso de las nueve en la casa de ella. Juan le comentó que seria mejor quedar en el lugar donde el perro le había dejado la nota. Y ella respondió un sabroso sí. A Juan no le quedaba otra que asistir a la sita, así que fue asta su ropero para preparar la ropa que se pondría.



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Al volver la esquina. Yoana González Castellano.

Era una calurosa tarde de Julio, hacia un día asombroso, el sol brillaba y vestía un amarillo precioso que contrastaba muy bien con el claro azul del cielo. A ellos se les sumaban las maravillosas criaturas que por el cielo merodeaban. Decenas de familias salían de sus casas para pasar una buena tarde a orillas del mar, pues hoy se celebraba la típica fiesta de julio en las playas valencianas. Así que decidí dar un paseo por las acogedoras calles de esta ciudad.
Había un gran alboroto, típico de un día como este.
No quería seguir allí, así que me aleje del tumulto y continué mi paseo, esta vez alejándome de mi rumbo inicial, me dirigí hacia el centro de la ciudad. Mientras más me alejaba de la zona costera el murmullo se iba apagando, así como las calles iban perdiendo transeúntes. Me impresionó ese silencio en pleno centro de Valencia, lo creí un sueño, estaba relajada.
Sin embargo, cuando pensaba que hoy sería un día de la fiesta de julio común, como el de otros años, me equivocaba. Al volver la esquina todo pareció oscurecerse ante mis ojos. Lo que antes me parecía un día maravilloso y veraniego, se convirtió en un día triste y nublado de invierno. No daba crédito. Un hombre de unos treinta años de edad yacía en el asfalto, muerto, destrozado por el impacto de un vehículo que en ese mismo instante había huido a la velocidad de un rayo. Era un furgón, un Citroën Berlingo rojo. Rojo como la sangre de ese pobre hombre, rojo como el corazón que late para crear vida, pero que ya se ha vuelto negro, que ya no late para esta victima de la fatalidad, de la casualidad, o no.
No era una estampa agradable la que experimente. No. No se trataba de un muerto en medio de la principal avenida de la ciudad de Valencia lo que mas me acongojaba. Era el silencio de una ciudad vacía, como desierta, como si los únicos que hubiéramos sobrevivido a una destrucción del mundo fuéramos ese hombre y yo, con un desenlace fatal para el primero.
La parte frontal del vehículo había impactado contra su cráneo. Había perdido numerosos huesos occipitales, trozos de musculo, se dejaba entrever el húmero, un brazo había sido cortado de cuajo por un capó convertido en cuchillo.
Y ahora quedaba yo, solitaria, sin ayuda, ya no podía hacer nada por ese desconocido. Cogí mi móvil, no tenia cobertura, no había nadie, no podía avisar a nadie, solo quedaba esperar.
Nunca había visto una imagen semejante. El día de la fiesta de julio de 2009 nunca se me olvidara, y las consecutivas no serán iguales. A partir de ese día mi vida habrá cambiado. Todas las noches me atormenta esa visión. Todas las noches se me hacen interminables, no hago otra cosa más que pensar en ese momento.


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Al volver la esquina. Juan Manuel Medina.

Al volver la esquina, tu vida puede cambiar en un santiamén y esto es lo que le ocurrió al protagonista de esta historia real , Juan.

Juan era un niño nicaragüense que vivía en el departamento de Matagalpa en el seno de una familia acomodada. Su padre había nacido en Nicaragua y su madre en España, ambos se conocieron en Madrid y cuando decidieron casarse, su madre deja todo y se marcha al país centroamericano.

Juan era el segundo hijo de los cinco que tuvo el matrimonio, y como no, el mimado de la abuela. Su infancia la pasó felizmente entre las estrictas reglas maternas y los consentimientos de su abuelita a la que adoraba con todo su corazón. La mayor ilusión de Juan durante este periodo era la llegada del fin de semana, ya que era el momento de dejar colgado el uniforme del cole u los libros aparcados en las estanterías e ir a la finca donde vivía su abuela. Allí podía jugar a ser un Robin Hood ya que estaba siempre ayudando a los niños de los trabajadores de la finca, aunque el también aprendía mucho de ellos. Jugaban a montar a caballo , ir en canoa por el río, a matar iguanas y a subirse a los arboles a coger sus frutos. Lo mas que le entristecía a Juan era cuando tenía que separarse de su abuela cada domingo por la tarde, cuando el chófer venia a buscarlo para que regresara con sus padres, ya que el lunes tenía que regresar al colegio. Muchos domingos se hacia el enfermo, a ver si así podía permanecer un día más allí en la finca. Su madre sabia cuales eran las artimañas de su hijo, y siempre le advertía al chófer que lo trajese, aunque estuviese enfermo.

A la edad de trece años esta infancia feliz y los proyectos de familia se ven truncados porque se inicia una cruel guerra civil. Juan no solo tiene que separarse de su adorable abuela. De sus padres, sino salir del país para evitar así tener que alistarse obligatoriamente, con tan corta edad, al ejercito.

En un principio, el creyó que se venia de vacaciones a España , y así estuvo engañado tres meses. Pero una noche su madre tuvo que hablar con él y sus cuatro hermanos. Les explico que solo podían regresar a nicaragua los tres más pequeños, pero su hermano mayor y él tenían que permanecer en España, ya que si regresaban al país que los vio nacer tenían que ir a luchara la montaña.

Juan se creía invencible, y no le importaba regresar con tal de volver a ver a su abuela y regresar a su adorable nicaragua, pero era inconcebible. Para sus padres, la decisión ya estaba tomada, permanecerían los dos en España. Juan tendría que ir a vivir a las Islas Canarias con sus tios y su hermana permanecería con su abuela materna en Madrid.

¡Cómo cambió la vida para esta familia y estos dos adolescentes!

Estuvieron sin podre regresar a su país por un periodo de quince años.

Juan lo pasó muy mal los primeros meses. Se pasaba las tardes sentado en la ventana mirando al horizonte, pensando en su Nicaragua, y en su abuelita. Pero este adolescente se hizo aún mas adulto cuando su tía le comunica que su abuela había fallecido. La vida lo había hecho madurar muy rápido, pero sin odio ni rencor.

Hoy en día, ya establecido en España, recuerda su país, y sobre todo sus años de infancia con gran amor y dulzura, sentimientos nobles y sencillos, de un niño al que la guerra le había robado todo:

Su familia, sus amigos, y en especial a su querida abuela.

¡La guerra que todo lo cambia!

Entre todos hagamos que no aparezcan más guerras a la vuelta de la esquina.



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Al volver la esquina. Mónica Montesdeoca. Gran Canaria

Mi nombre es Raúl vivo en un pequeño pueblo a las afueras de Francia. Me describo como una persona muy tímida y risueña a la que le cuesta mucho relacionarse por eso todas las tardes en vez de estar en el parque al lado de casa con los niños de los alrededores prefiero sentarme en mi cálido balcón y observar como cada tarde hay una anécdota que recordar Se escuchan risas, llantos ,canciones, chistes… e incluso peleas pero no me daba cuenta que más allá de esa inocencia iba a recordar a mi gran amor.
Para mi era una monotonía pero a la vez me gustaba. Cada día me sentaba y observaba.Hasta que de repente vi algo extraño que no encajaba; jamás había visto a aquella personilla jugando entretenida, era una niña de piel clara y ojos muy expresivos, su pelo era color oro y su sonrisa me dejaba sin aliento.Nunca había tenido aquella sensación tan extraña ,por mi estómago . Parecían pequeñas hormiguitas que recorrían todo mi cuerpo y aceleraba mi corazón. Su nombre era Rebeca,lo se porque al anochecer se escuchaba una leve voz que la llamaba, era su madre que le decía:
–Rebeca ya es tarde ¡ven ya para casa! Y ella educadamente le contestaba
–¡Ya voy mamá!
Todas las tardes llegaba ansioso de la escuela para poder observar cada movimiento que hacía y eso me llenaba de satisfacción, me pasaba horas y horas mirándola.Era feliz pero ella nunca se dio cuenta de mi felicidad, apenas me conocía solamente crucé miradas con ella cuándo coincidimos cruzando el paso de peatón que se encontraba delante de casa. Pero todo no podía ser bonito.
Esa misma tarde llegó a casa mi padre con una terrible noticia ,nos teníamos que mudar de casa por cuestión de trabajo, él estaba orgulloso porque lo había ascendido en el trabajo pero sin embargo yo entristecido porque no sabía que me depararía el futuro, mi cabeza daba vuelta tras pensar que tendría que cambiar de casa, de amigos, de colegio e incluso de vida ,en fin procuré mirar el lado bueno mis padres me decían que iría a un colegio especial y que visitaríamos la ciudad.Con solo pensar que podría volverla a ver me constaba. Reice mi vida me adapté fácilmente y pasaron los años pero nunca volví a ver a quien despertaba mi curiosidad y mis ganas a amar. Una mañana cuando me dirigía al trabajo presentía que algo maravilloso me iba a suceder pero emprendí el día sin ilusionarme demasiado fui al bar La Tour Rose como cada mañana y me compré mi café caliente para rendir en la oficina y decidí llevarlo en las manos para calentármelas cuándo de repente iba desconcertado pensando en las cosas que tendría que hacer y doblé la esquina cuando ¡Plaff! Choqué con una hermosa chica y caímos al suelo, al levantarnos se me paró el tiempo asombrado miré a aquella preciosa chica y ¿Cuál fue mi sorpresa? Se trataba de Rebeca aquella niña que despertaba una sonrisa en mi cada vez que la veía, ya estaba convertida en toda una mujer. Me armé de valor y la invité a un café me presenté y le dije que yo era aquel niño que todas las tardes se sentaba en el balcón para verla simplemente a ella , ella se rió y me abrazó yo me quedé sorprendido tras su reacción cuando de repente me dijo
-¿Crees que no lo notaba?
-¿Por qué crees que yo salía todas las tardes también?
Ahora siempre recordaremos que realmente hablamos gracias al tropiezo que tuvimos a la vuelta de la esquina.


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