Lectores y escritores

En este apartado el protagonista es el lector y sus creaciones, EL LECTOR ESCRITOR, en su sentido más amplio; es decir, no sólo el lector de mis libros sino todo aquel que quiera enriquecer este rincón literario con sus textos. Envíalos a la dirección:

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La luz en la niebla. Pedro Márquez. Gran Canaria.



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Al doblar la esquina. Raquel Henriquez

Todo ocurrió 5 años atrás, en un pequeño pueblo de Gran Canaria, Gáldar
En una gran mansión vivía una joven de 16 años que llevaba una vida
muy agobiante, era la hija de un gran marqués.
La joven no iba al colegio, pues le daban clases en la mansión.
Clases de etiqueta, de hípica...

Un día la joven se cansó de estar siempre encerrada en esa mansión, y
una noche decidió escaparse.

Se recorrió todo el pueblo impresionada por las cosas tan bonitas que
habían y ella nunca había podido ver.
Pasó la noche fuera de la mansión y sus padres muy preocupados la
buscaban por todas partes.

La joven buscaba un refugio para no ser encontrada, y al doblar la
esquina se encontró con un muchacho. 19 años Alto, castaño, de ojos
claros.
Se quedaron mirándose fijamente a los ojos hasta que la chica quito su
mirada y se fue a alejar.

El muchacho notó preocupación en su cara y le pregunto que qué le pasa.
La joven se lo explicó, y así el chico le ofreció quedarse con él la noche.
Ella aceptó y pasaron la noche juntos en una casita humilde que tenía
le muchacho.
A la mañana siguiente la joven se despertó y no vio al muchacho,
entonces se comió una manzana que él le había dejado encima de la mesa
y se fue al pueblo.
Entonces al doblar la misma esquina que la noche anterior se lo volvió
a encontrar.
Se volvieron a mirar como hacia horas atrás.

De repente aparecieron los guardaespaldas de su padre, y se la
llevaron a la mansión.
Y la encerraron, en su habitación.
Desde ahí no ah vuelto a ver más a aquel muchacho, que por casualidad
del destino se encontró al doblar una simple esquina y que con una
simple mirada, le robó el corazón.

Al doblar la esquina. Francisco Bautista Jorge. Gran Canaria

Todos los sábados suelo ir al mercadillo con mi abuelo. Siempre tenemos que doblar la misma esquina en la que después nos encontramos con el mercadillo de frente. Desde siempre he ido al mercadillo con mi abuelo porque aparte de ser muy interesante ya forma parte de mi rutina de los sábados. Siempre vamos al mercadillo por la tarde ya que por la mañana yo juego con mi equipo de fútbol.

Mi abuelo empezó a enfermar de cáncer y los primeros meses seguíamos yendo al mercadillo juntos como si nada pero en el cuarto mes de su enfermedad al doblar la esquina se cayó al piso y yo preocupado empecé a gritar pidiendo ayuda. Debían operar a mi abuelo para extirparle el cáncer, esta operación era muy complicada por lo que no se sabía si volveríamos a doblar esa esquina juntos antes de llegar el mercadillo.

A la semana de haber operado a mi abuelo seguía en un estado crítico pero parecía que al fin se salvaría, y así fue mi abuelo se salvó.

Todos los sábados después de su recuperación cuando doblábamos la esquina me decía -¿Te crees que te ibas a librar de este viejo tan fácilmente?

Mi abuelo aunque ya era un poco viejo era un hombre muy fuerte y yo sabía que iba a sobrevivir al cáncer.



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Al doblar la esquina. Angel Diaz Hernandez

Vine a esta gran ciudad en busca de otra oportunidad, huyendo de las responsabilidades, de las obligaciones familiares. No quería tener nada que ver con la "tradición" familiar.

Todos dijeron que no lo iba a lograr y que tarde o temprano volvería.
Estaban equivocados.

¿Estaban equivocados?

Vi en ella a la persona ideal, la víctima propiciatoria. Ya era la segunda vez que me la cruzaba, frecuentábamos el mismo pub. Me dediqué a observarla. Siempre solitaria, sentada en la misma mesa, capuchino a la italiana y libro en mano. Físicamente normal, morocha, tez pálida. Normalidad que la haría pasar inadvertida entre el resto de los viandantes, de no ser por la fuerza vital que de ella emanaba, en grado tal que parecía brillar. Así como llegaba, sola, se iba, por lo cual sería fácil seguirla y abordarla.

Y llegó el día, la noche, esperé a que se levantara y abandonara el local, y a una distancia prudencial comencé a seguirla, a cazarla. Al principio ella caminaba como si nada, hasta que al doblar una esquina noté que se apresuraba. ¿Me había visto? ¡Imposible! Una simple intuición le hacía apurar sus pasos, mientras que la esencia de su temor y los latidos de su corazón aceleraban los míos. Este juego del gato y el ratón me excitaba.Comenzó a correr por calles por las que nadie circulaba. Sólo ella y yo en la noche vasta. Y, como era de esperar, la carrera no le sirvió de nada. Nunca una presa se me escapaba.Al cruzar una plaza tratando de eludirme, sintiendo mi presencia aún sin verme, le di alcance. La tomé de un brazo y, volviéndola hacia mí, quedamos cara a cara. Nuestras miradas se cruzaron y, gracias a mi poder hipnótico, quedó fascinada.Mis ojos se posaron en su yugular que palpitaba. Los colmillos me dolían, no soportaba más esta tremenda ansiedad.Ella estaba totalmente entregada. Una vez más, mi vista se posó en su mirada y, con el último hálito de mi voz, le dije:
—No ha pasado nada. De esta noche no recordarás nada.Ella me miró sin verme. Extrañada.
Di media vuelta y me perdí por las calles desoladas.
Vencí, le gane una vez más a esta sed descontrolada.
¡Te maldigo, padre! Maldigo esta pesada carga.Vencedores vencidos - Yu

Al doblar la esquina. Tomás Rosales. Gran Canaria

En la ciudad de Bittown vivía un joven llamado Sebastián de 25 años, el era un famoso empresario en todo el mundo, lo tenía todo, dinero, amor y una mujer e hijos maravillosos. Lo malo que tenia era su personalidad, era ambicioso, mala persona y no ayudaba a la gente que lo necesitaba.

Un día caminando por la calle cerca de su trabajo al doblar una esquina ve a un vagabundo pidiendo dinero, al pasar a su lado lo mira con desprecio, no le dio dinero y se quedo pensando en que como la gente se intenta aprovechar de la gente que trabaja, que piden para ganarse la vida de una forma fácil, Sebastián pensaba que los que pedían en las calles eran unas malas personas y solo lo hacían porque no les gustaba trabajar.

Ese mismo día en la tarde Seba llegó a su casa y estaba su abogado, el abogado le dijo que había tenido un mal negocio y que había perdido el 10% de su fortuna.

Sebastián no se preocupo porque el dinero era lo que más tenía y por perder un poco no pasa nada, decía que ya lo recuperara.

Desde ese día empezaron los malos negocios y poco a poco empezó a perder su fortuna, después de dos años no tenia como pagar las cuentas, no podía satisfacer los caprichos de sus hijos ni los de su mujer.

Luego de un tiempo perdió la casa, los pocos amigos que tenia le dieron la espalda, poco a poco fue perdiendo sus muebles y su esposa se había ido con sus hijos donde su madre. Estaba solo no tenía casi nada, solo era cuestión de tiempo para que le embargaran lo poco que le quedaba.

Dos meses luego de toda esta desgracia Sebastián tuvo que irse a vivir a la calle ya que no tenía nada, sus familiares no le hacían caso por ser tan malo y los que decían ser su amigo no le querían ayudar. Había llegado a lo que él antes más despreciaba, a ser un vagabundo.

Cuando fue en busca de un lugar en la calle para dormir se encontró con el vagabundo que no quiso ayudar cuando doblo aquella esquina. El vagabundo lo miró humilde y le ofreció ayuda, Sebastián se emociono, le pidió perdón, lloro por ser tan malo, se dio cuenta de todos los errores que había cometido con tanta gente que quería y todas las cosas malas que había hecho, también se dio cuenta que algunas personas que viven en la calle es por la mala suerte y no pueden encontrar trabajo o por las circunstancias de la vida. Sebastián y el vagabundo llamado Jaime se hicieron muy buenos amigos.

El ex-empresario 1 mes después de quedar en la calle encontró trabajo y empezó a salir delante de nuevo. Después de un tiempo alquilo una casa y su vida empezó a mejorar, también llevo a vivir a Jaime con él y le ayudo para que trabajara junto a él. Resultaba que Jaime había estudiado pero con la crisis y la mala suerte quedo en la calle.

Mucho tiempo después estos seguían siendo amigos, hicieron una empresa juntos y se hicieron muy exitosos, también crearon una fundación para ayudar a la gente más necesitada ya que ellos también habían pasado por aquello.



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Al doblar la esquina. Alberto González Almeida

Al doblar la esquina, vi a un gentío en circulo, coches de policía y una ambulancia, cerca de mi portal, las personas tenían las caras desencajadas y atemorizadas. Al acercarme e infiltrarme entre la multitud, lo comprendí, en el centro había un cadáver, el cual era irreconocible, debido a la cantidad de sangre y las desfiguraciones de su rostro, seguramente sufridas por una caída desde gran altura.

Entre la multitud se escuchaban comentarios y susurros, de los cuales pude saber que se suponía que había sido un suicidio. En ese momento sentí lástima, pero luego ese sentimiento se transformó en odio y asco, porque consideraba que acabar de esta forma, era penoso y propio de un cobarde terminar con tus problemas de esta manera tan ridícula. Pensé que seria el vecino del 6º, porque era un hombre que siempre tenía una actitud negativa, un rostro triste y apenado. Pero enseguida cambié de opinión al levantar la vista y verlo entre la multitud, me dió la sensación de que en su rostro, había una leve sonrisa, seguramente le satisfacía pensar que había alguien mas infeliz y con mas problemas que él, en ese momento sentí repudio hacia esa persona. De repente veo que de entre la multitud sale una mujer con una expresión en la cara de terror, que atraviesa el cordón policial y a los agentes que intentaron detenerla. Se acercó al cadáver muy lentamente, como con miedo, e inesperadamente, estalla en un llanto inconsolable gritando un nombre.-¡José! ¡Joséeee!. En ese instante me recorrió la espalda una sensación de terror, me acerque más para poder ver bien a la mujer. Estallé en un llanto inconsolable, no podía creer lo que estaba viendo. Nunca olvidare el día en el que vi a mi madre llorando enzima del cadáver de mi hermano José.



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Al doblar la esquina.Cristian Pérez

Era una mañana fría de invierno,yo andaba caminando por mi pueblo con mi perro cuando de pronto al doblar la esquina nos encontramos con unos viejos amigos que no veía desde hacía seis o siete años.Se me erizaron los pelos cuando lo ví,luego se me pusieron los pelos de punta cuando con una alegre voz me saludó.Yo no me lo creía,pero era cierto,allí estabamos como en los viejos tiempos,dos viejos amigos.
Fuimos a dar un paseo,él me dijo que estaba aquí porque había venido al entierro de su abuela.Eso me hizo sentir mal,pero él dijo que no pasaba nada,que son cosas que pasan.Solo se quedaba un día y después volvía a Holanda,donde se había ido a vivir porque su padre tenía que trabajar allí.
Al día siguiente,quedamos para estar juntos un rato,pasar el día hablando y contarnos cosas que nos han pasado ultimamente,porque se mudó tan rápido que no nos dió tiempo a despedirnos.Pero ese día me dió una de las mejores noticias,se venía a vivir de nuevo porque habían heredado la casa de la abuela y entonces,desde ese momento,pasamos muchos días juntos,como los grandes amigos que eramos.Todo sucedió al doblar aquella esquina

Al doblar la esquina. Mélani Jordán Reyes. Gran Canaria

Era media tarde, todavía estaba el sol en todo su esplendor y por eso elegí el banco que estaba al fondo del parque, a la sombra de un gran árbol. Llevaba ya un rato sentada cuando las campanadas del reloj de la iglesia me sobresaltaron. Uno, dos, tres, cuatro, cinco – todavía me queda media hora. Habíamos quedado a las cinco y media, yo quise ir antes para intentar relajarme porque me había pasado todo el día dándole vueltas a la cabeza y la noche anterior a penas había podido pegar ojo.

No estoy dispuesta a seguir tragando, ya le he dado varias oportunidades y siempre sigue haciendo lo mismo. Le voy a dar un ultimátum, sus amigos o yo. En los tres años y medio que llevamos saliendo siempre ha antepuesto sus amigos a mí y no es que yo sea una acaparadora, pero si ha quedado conmigo, que no se invente escusas para irse con ellos porque una vez está bien, dos, tres, pero son muchas ya y no aguanto más,

Estaba distraída cuando oí unas risas a lo lejos que era inconfundibles. Era Ismael con dos de sus amigos. Como siempre, yo preocupada pasándolo mal y a él da la impresión que todo le resbala, que no me toma en serio. Me estoy dando cuenta que en el fondo es un inmaduro. No merece la pena alargar más esta relación basada en lo bueno que has vivido.

Levanté la cabeza para ver por dónde venía y lo veo doblar la esquina. Una vez más me había dejado, pero ya se acabo y sin explicaciones porque no se las merece.

Al doblar la esquina- Fran Ramos López - Gran Canarias

Todo ocurrió uno de los mejores veranos de mi vida donde conocí a aquella chica tan hermosa. La conocí mientras yo iba hacia mi casa pensaba en encontrarme con esa chica que tanto deseaba, pero sabía que era imposible de encontrármela y poder hablarle, porque siempre he sido un poco vergonzoso y sabía que no sería capaz de hablarle y por eso es que me da un poco de corte verla porque haría el ridículo delante de ella y pasaría de mí para siempre.

Entonces mientras pensaba todo esto, iba caminando por la calle y llegue a una esquina y la doblé y me tropecé con una chica joven y me quedé todo preocupado porque le había tirado todas sus carpetas y libros al suelo ya luego al ver quien era me quede de piedra no sabía que hacer ni que decir entonces le pedí perdón, le pregunte que como se encontraba después de haberle recogido sus cosas del suelo, entonces ella me contesto con esa voz de ángel que tiene que no pasaba nada que se encontraba bien. Luego de haberme contestado como se encontraba seguí para mi casa con una sonrisa dibujada en mi cara por haber podido hablar con ella. Al día siguiente la vi sentada sola en un banco del parque y decidí de ir a sentarme junto a ella y hablar, pero no sabía que hacer porque tenía vergüenza pero entonces pensé que si iba y me sentaba con ella e intentaba hablar con ella no perdería nada que no tenía por qué tener vergüenza. Así que fui y me senté al lado de aquella chica en la que pensaba sin parar, ya una vez sentado le hablé y nos fuimos conociendo poco a poco y me cayó demasiado bien y creo que a ella también le caía bien. Y cada vez que veía su sonrisa mientras le hablaba me enamoraba cada vez más. Pasaron los días y siempre nos dejábamos ver en el mismo banco, un día ya no podía mas y tuve que decirle que me había enamorado de ella que si ella no sentía lo mismo por mi daba igual que había sido esas semanas junto a ella de las mejores de mi vida que nunca había sido tan feliz, entonces ella me dijo que también sentía algo por mi , ya ahí yo me quede sorprendido y no puede aguantar mas y se lo pedí que si quería salir conmigo, ella respondió a esto que sí.

Y desde ahí no nos hemos dejado de ver nunca. Así fue como nos conocimos ella y yo aquel verano.

Al volver la esquina. Heriberto José Gil Moreno. Gran Canaria

Una mañana de enero en un lugar llamado Guía, al volver la esquina Juan se encuentra con un perro de color negro con manchas blancas, el perro se para delante de él. Moviendo ágilmente la cola se dispone a darle un sobre que llevaba en su bonito hocico. Juan, muy sorprendido lo acepta y se dispone a leer la hoja que iba dentro. Hola, Juan, soy Manuela ¿te acuerdas de mi? Jaja soy la chica que conociste el día que estabas sentado en la plaza tomándote un clipper de fresa. Espero que te acuerdes de mí. Te he enviado esta nota para ver cunando podíamos quedar en el sitio en el que te conocí, si tu quieres.

Juan sacó su apreciado bolígrafo que solía llevar siempre en su bolsillo de la camisa y empezó a escribir: hola, ¿que tal? espero que estés bien; como yo. Pues sí, me acuerdo de ti, como no me voy a acordar con lo bien que lo pasamos aquel día en la plaza, yo tomándome el clipper y tú derritiéndote por mí. Pues a mí no me parece mal la idea de quedar un día pero me gustaría quedar en otro sitio dónde yo domine mejor el ambiente. Aquí te escribo mi número de móvil para que me llames y me digas que día y a que hora quedamos y donde.695751535. Hasta pronto. Le devolvió la hoja al perro y dándole un suave y cariñoso golpe en el lomo ambos siguieron su destino. Dicho sea de paso que Juan iba a su trabajo que era embotellando clipper de fresa e las botellas que después saldrían al mercado.

Por la tarde una vez llegado a su casa sonó el móvil y no podía ser nada más y nada menos que la indudable Manuela. La chica desesperada por oír un sí le pregunto que si le vendría bien aquella noche a eso de las nueve en la casa de ella. Juan le comentó que seria mejor quedar en el lugar donde el perro le había dejado la nota. Y ella respondió un sabroso sí. A Juan no le quedaba otra que asistir a la sita, así que fue asta su ropero para preparar la ropa que se pondría.



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Al volver la esquina. Yoana González Castellano.

Era una calurosa tarde de Julio, hacia un día asombroso, el sol brillaba y vestía un amarillo precioso que contrastaba muy bien con el claro azul del cielo. A ellos se les sumaban las maravillosas criaturas que por el cielo merodeaban. Decenas de familias salían de sus casas para pasar una buena tarde a orillas del mar, pues hoy se celebraba la típica fiesta de julio en las playas valencianas. Así que decidí dar un paseo por las acogedoras calles de esta ciudad.
Había un gran alboroto, típico de un día como este.
No quería seguir allí, así que me aleje del tumulto y continué mi paseo, esta vez alejándome de mi rumbo inicial, me dirigí hacia el centro de la ciudad. Mientras más me alejaba de la zona costera el murmullo se iba apagando, así como las calles iban perdiendo transeúntes. Me impresionó ese silencio en pleno centro de Valencia, lo creí un sueño, estaba relajada.
Sin embargo, cuando pensaba que hoy sería un día de la fiesta de julio común, como el de otros años, me equivocaba. Al volver la esquina todo pareció oscurecerse ante mis ojos. Lo que antes me parecía un día maravilloso y veraniego, se convirtió en un día triste y nublado de invierno. No daba crédito. Un hombre de unos treinta años de edad yacía en el asfalto, muerto, destrozado por el impacto de un vehículo que en ese mismo instante había huido a la velocidad de un rayo. Era un furgón, un Citroën Berlingo rojo. Rojo como la sangre de ese pobre hombre, rojo como el corazón que late para crear vida, pero que ya se ha vuelto negro, que ya no late para esta victima de la fatalidad, de la casualidad, o no.
No era una estampa agradable la que experimente. No. No se trataba de un muerto en medio de la principal avenida de la ciudad de Valencia lo que mas me acongojaba. Era el silencio de una ciudad vacía, como desierta, como si los únicos que hubiéramos sobrevivido a una destrucción del mundo fuéramos ese hombre y yo, con un desenlace fatal para el primero.
La parte frontal del vehículo había impactado contra su cráneo. Había perdido numerosos huesos occipitales, trozos de musculo, se dejaba entrever el húmero, un brazo había sido cortado de cuajo por un capó convertido en cuchillo.
Y ahora quedaba yo, solitaria, sin ayuda, ya no podía hacer nada por ese desconocido. Cogí mi móvil, no tenia cobertura, no había nadie, no podía avisar a nadie, solo quedaba esperar.
Nunca había visto una imagen semejante. El día de la fiesta de julio de 2009 nunca se me olvidara, y las consecutivas no serán iguales. A partir de ese día mi vida habrá cambiado. Todas las noches me atormenta esa visión. Todas las noches se me hacen interminables, no hago otra cosa más que pensar en ese momento.


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Al volver la esquina. Juan Manuel Medina.

Al volver la esquina, tu vida puede cambiar en un santiamén y esto es lo que le ocurrió al protagonista de esta historia real , Juan.

Juan era un niño nicaragüense que vivía en el departamento de Matagalpa en el seno de una familia acomodada. Su padre había nacido en Nicaragua y su madre en España, ambos se conocieron en Madrid y cuando decidieron casarse, su madre deja todo y se marcha al país centroamericano.

Juan era el segundo hijo de los cinco que tuvo el matrimonio, y como no, el mimado de la abuela. Su infancia la pasó felizmente entre las estrictas reglas maternas y los consentimientos de su abuelita a la que adoraba con todo su corazón. La mayor ilusión de Juan durante este periodo era la llegada del fin de semana, ya que era el momento de dejar colgado el uniforme del cole u los libros aparcados en las estanterías e ir a la finca donde vivía su abuela. Allí podía jugar a ser un Robin Hood ya que estaba siempre ayudando a los niños de los trabajadores de la finca, aunque el también aprendía mucho de ellos. Jugaban a montar a caballo , ir en canoa por el río, a matar iguanas y a subirse a los arboles a coger sus frutos. Lo mas que le entristecía a Juan era cuando tenía que separarse de su abuela cada domingo por la tarde, cuando el chófer venia a buscarlo para que regresara con sus padres, ya que el lunes tenía que regresar al colegio. Muchos domingos se hacia el enfermo, a ver si así podía permanecer un día más allí en la finca. Su madre sabia cuales eran las artimañas de su hijo, y siempre le advertía al chófer que lo trajese, aunque estuviese enfermo.

A la edad de trece años esta infancia feliz y los proyectos de familia se ven truncados porque se inicia una cruel guerra civil. Juan no solo tiene que separarse de su adorable abuela. De sus padres, sino salir del país para evitar así tener que alistarse obligatoriamente, con tan corta edad, al ejercito.

En un principio, el creyó que se venia de vacaciones a España , y así estuvo engañado tres meses. Pero una noche su madre tuvo que hablar con él y sus cuatro hermanos. Les explico que solo podían regresar a nicaragua los tres más pequeños, pero su hermano mayor y él tenían que permanecer en España, ya que si regresaban al país que los vio nacer tenían que ir a luchara la montaña.

Juan se creía invencible, y no le importaba regresar con tal de volver a ver a su abuela y regresar a su adorable nicaragua, pero era inconcebible. Para sus padres, la decisión ya estaba tomada, permanecerían los dos en España. Juan tendría que ir a vivir a las Islas Canarias con sus tios y su hermana permanecería con su abuela materna en Madrid.

¡Cómo cambió la vida para esta familia y estos dos adolescentes!

Estuvieron sin podre regresar a su país por un periodo de quince años.

Juan lo pasó muy mal los primeros meses. Se pasaba las tardes sentado en la ventana mirando al horizonte, pensando en su Nicaragua, y en su abuelita. Pero este adolescente se hizo aún mas adulto cuando su tía le comunica que su abuela había fallecido. La vida lo había hecho madurar muy rápido, pero sin odio ni rencor.

Hoy en día, ya establecido en España, recuerda su país, y sobre todo sus años de infancia con gran amor y dulzura, sentimientos nobles y sencillos, de un niño al que la guerra le había robado todo:

Su familia, sus amigos, y en especial a su querida abuela.

¡La guerra que todo lo cambia!

Entre todos hagamos que no aparezcan más guerras a la vuelta de la esquina.



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Al volver la esquina. Mónica Montesdeoca. Gran Canaria

Mi nombre es Raúl vivo en un pequeño pueblo a las afueras de Francia. Me describo como una persona muy tímida y risueña a la que le cuesta mucho relacionarse por eso todas las tardes en vez de estar en el parque al lado de casa con los niños de los alrededores prefiero sentarme en mi cálido balcón y observar como cada tarde hay una anécdota que recordar Se escuchan risas, llantos ,canciones, chistes… e incluso peleas pero no me daba cuenta que más allá de esa inocencia iba a recordar a mi gran amor.
Para mi era una monotonía pero a la vez me gustaba. Cada día me sentaba y observaba.Hasta que de repente vi algo extraño que no encajaba; jamás había visto a aquella personilla jugando entretenida, era una niña de piel clara y ojos muy expresivos, su pelo era color oro y su sonrisa me dejaba sin aliento.Nunca había tenido aquella sensación tan extraña ,por mi estómago . Parecían pequeñas hormiguitas que recorrían todo mi cuerpo y aceleraba mi corazón. Su nombre era Rebeca,lo se porque al anochecer se escuchaba una leve voz que la llamaba, era su madre que le decía:
–Rebeca ya es tarde ¡ven ya para casa! Y ella educadamente le contestaba
–¡Ya voy mamá!
Todas las tardes llegaba ansioso de la escuela para poder observar cada movimiento que hacía y eso me llenaba de satisfacción, me pasaba horas y horas mirándola.Era feliz pero ella nunca se dio cuenta de mi felicidad, apenas me conocía solamente crucé miradas con ella cuándo coincidimos cruzando el paso de peatón que se encontraba delante de casa. Pero todo no podía ser bonito.
Esa misma tarde llegó a casa mi padre con una terrible noticia ,nos teníamos que mudar de casa por cuestión de trabajo, él estaba orgulloso porque lo había ascendido en el trabajo pero sin embargo yo entristecido porque no sabía que me depararía el futuro, mi cabeza daba vuelta tras pensar que tendría que cambiar de casa, de amigos, de colegio e incluso de vida ,en fin procuré mirar el lado bueno mis padres me decían que iría a un colegio especial y que visitaríamos la ciudad.Con solo pensar que podría volverla a ver me constaba. Reice mi vida me adapté fácilmente y pasaron los años pero nunca volví a ver a quien despertaba mi curiosidad y mis ganas a amar. Una mañana cuando me dirigía al trabajo presentía que algo maravilloso me iba a suceder pero emprendí el día sin ilusionarme demasiado fui al bar La Tour Rose como cada mañana y me compré mi café caliente para rendir en la oficina y decidí llevarlo en las manos para calentármelas cuándo de repente iba desconcertado pensando en las cosas que tendría que hacer y doblé la esquina cuando ¡Plaff! Choqué con una hermosa chica y caímos al suelo, al levantarnos se me paró el tiempo asombrado miré a aquella preciosa chica y ¿Cuál fue mi sorpresa? Se trataba de Rebeca aquella niña que despertaba una sonrisa en mi cada vez que la veía, ya estaba convertida en toda una mujer. Me armé de valor y la invité a un café me presenté y le dije que yo era aquel niño que todas las tardes se sentaba en el balcón para verla simplemente a ella , ella se rió y me abrazó yo me quedé sorprendido tras su reacción cuando de repente me dijo
-¿Crees que no lo notaba?
-¿Por qué crees que yo salía todas las tardes también?
Ahora siempre recordaremos que realmente hablamos gracias al tropiezo que tuvimos a la vuelta de la esquina.


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al volver la esquina. Oscar Mendoza. Gran Canaria.

Todo comenzó en un pueblecillo donde vivían Javier y Luis. Entre tantos amigos ellos eran los más allegados y los más inseparables. Javier tenia 17 años y vivía en un 5 piso junto al parque y Luis que es de la misma edad y vive en el 4 de ese mismo piso, desde la infancia ya estaban unidos. Hoy en día lo siguen estando ya que están en la misma escuela e incluso la misma clase sus tardes también la compartían ya que practicaban futbol en el mismo equipo. Los fines de semana solían pasarlo en la esquina del parque junto a unos cuantos amigos más, allí charlaban, contaban chistes, e incluso comer pipas. Así trascurrían sus semanas en aquella apartada esquina donde no dejaban de ir ningún fin de semana aquellos grandes amigos.

Un día a los padres de Luís se les presento un problema en el que marcharse por unos meses. Al comentárselo a Luis el se negó decía que allí estaban sus amigos, sus estudios es decir parte de su vida.

Luis fue corriendo a contárselo a su mejor amigo y este no se lo podía creer, le dijo que no pasaba nada que como buen amigo siempre lo iba a tener presente.

Los padres le insistieron hasta convencerlo a pesar de toda imposición que puso Luis.

Llego el día de marcharse y Luis estaba muy apesadumbrado. Cuando ya tenía las maletas en el coche vio venir a un niño bajando las escaleras corriendo y con un rostro triste y desencajado.

Era Javier, había bajado a despedirse de su amigo y sus palabras fueron: Nos vemos al volver la esquina.

El chico con su rostro pálido vio como se marchaba su amigo peor con la esperanza de que su vuelta fuera en un tiempo no muy lejano.

Pasaron unos meses y era sábado Javier se encontraba en la esquina con un compañero de clase y al volver la esquina vio aparecer un coche que le resultaba familiar y se bajo de el su gran amigo Javier.

Y Luis antes de darle un gran abrazo le dijo:

- amigo mío se han cumplido tus palabras.

Al volver la esquina. Haydee F.G. Gran Canaria

En un pequeño pueblo de Buenos Aires vivía una niña con su madre y su padre. Su padre era médico y por asuntos de trabajo tuvo que viajar a Londres.

En Bueno Aires lo dejó todo y se marchó muy triste. Al llegar a Londres se instalaron en una casa rural que era muy grande lo que quedaba un poco apartado de todo lo demás aunque había también otras pequeñas casas situadas cerca de ella.

A María le gustaba mucho salir y caminar y pasar las horas entretenida con la naturaleza.

Un día hacía un Sol estupendo y decidió salir a dar una vuelta con su bicicleta. María iba muy entretenida cuando de repente tropezó con una piedra. Ella se callo y sus gafas se echaron a rodar un poco lejos de ella. Para María todo paso muy rápido pero levantó la vista y vio a un apuesto joven que le estaba dando sus gafas.

Ella se quedó atónita y no sabía que hacer. Enseguida cojió las gafas y le dio las gracias mientras iba observando todas sus fracciones.

Mantuvieron una charla muy amena. El le dijo que su nombre era Carlos y era de una de las casas que estaban al lado de la suya.

El le dijo que vivían pocas personas jóvenes por allí pero ya que ellos eran de la misma edad el se ofrecía a ser su guía e integrarla un poco en la cultura para que se le hiciera más fácil todo e incluso ir al instituto.

Carlos cumplió con su palabra y el primer día de clase de María el la fue a buscar y la llevó hasta donde cojían el autobús y después siguieron juntos.

Al llegar se separaron y cada cual fue a su clase y a la salida Carlos esperaba a María para volver a casa.

Cundo llegaron el la despidió en una esquina de la granja que queda cerca de la casa de ambos y se despidieron.

Así transcurrieron los días el muchacho la esperaba y después la despedía en la granja.

Fueron pasando los días y María se dio cuenta de que estaba empezando a sentir algo por aquel alegre muchacho. Ella decidió contárselo y el le dijo que ese sentimiento era muto y decidieron hacer sus sueños realidad.

Carlos y María empezaron ya a verse con otros ojos que no eran los de amigos y aquellas despedidas en la granja ya eran más duraderas donde los muchachos se contaban sus sentimientos.

Así transcurrió toda la historia donde todo parecía ser sacado de un libro de princesa pero todo no podía ser tan especial.

Cuando los padres de ella se enteraron le dijeron que no podía seguir con esa relación ya que el era un pobre campesino y sus padres tenían mala fama.

La niña corrió enseguida en busca de su amor y efectivamente se lo encontró allí al volver la esquina en la pequeña granja.

Hablaron y María le contó todo. Carlos le dijo que eso no era cierto que sus padres eran pobres pero personas muy sinceras e incapaces de hacer algo incorrecto.

María estaba muy triste y paso una semana donde no hablaba con nadie solo se veía a escondidas con su amor.

Carlos un día le dijo que hablará con sus padres que le dijera que la clase social no importaba en el amor pero los padres de María no le hicieron caso y le prohibieron seguir viendo aquel muchacho.

A pesar de toda prohibición María y Carlos se siguieron viendo en aquella granja al volver la esquina.

Al volver la esquina. Alba D.G: Gran Canaria

Una noche de verano, con ese calor que se pega al cuerpo y hace que sea muy molesto realizar cualquier cosa, donde la gente de aquel pueblo costero se había echado a la calle para coger un poco de fresco de la noche e incluso algunos se atrevían a bañarse a orillas del mar. Reinaba la tranquilidad. Ana no se imaginaba ni por un instante, que esa noche que se encontraba con sus amigos, dando un paseo por la arena, cambiaría su apacible vida.

Esa noche la había pasado con los amigos del pueblo, que llevaba tiempo sin ver, dado que su familia vivía en la ciudad. Habían ido a comer algo en la avenida marítima, en el restaurante italiano de siempre. Después, recorrieron la playa completa a pie e incluso alguno de ellos pensó para sí bañarse en ropa interior, pero como inevitablemente el tiempo pasa, ya no tenían la misma confianza entre ellos para hacer ese tipo de cosas.

Ana, soñaba con que el tiempo no pasara, y que siempre pudiera estar allí rodeada de sus amigos y en su lugar preferido, la playa de su pueblo, el sitio donde había aprendido a nadar, donde tenía sus amigos y a su verdadera familia.

Después del paseo por la playa el grupo de amigos decidieron ir a la plaza y pasar allí un buen rato para recordar viejas historias y contarle a Ana las nuevas anécdotas ocurridas en su ausencia. Pero antes de llegar, al volver la esquina vieron como un hombre que intentaba acuchillar a una chica. El hombre al verlos hecho a correr. El miedo que sintieron les paralizó. No sabían que hacer. Ana se acerco a la chica le tomó el pulso y llamo a una ambulancia. Fue con ella hasta el hospital. La acompaño toda la noche hasta que despertó. Estuvieron hablando mucho rato. La chica se llamaba Sonia tenia su misma edad y no era del pueblo. Había venido de vacaciones al pueblo y aquel hombre se había ensañado con ella por negarse a darle su cartera.

Se hicieron amigas enseguida, Sonia salió de hospital dos semanas después del incidente, en ese tiempo ya todos los amigos de Ana eran también sus amigos.

El verano después de aquella noche cambió su rumbo, ya que, la familia de Ana decidió instalarse en el pueblo de nuevo, ya que, a su padre le surgió un trabajo en un bufete de abogados, y estaba encantado con la idea de poder ejercer su profesión en un lugar sin tanta presión como en la ciudad en que vivían.

La familia de Sonia, a pesar del incidente ocurrido habían pasado unos días fantásticos en el pueblo, estaban muy contentos con el trato de la gente del pueblo, de su hospitalidad y su trato tan agradable. Los padres de Sonia se plantearon la posibilidad de instalarse en el pueblo, y como tenían conocimientos de negocios de hostelería decidieron instalarse en el pueblo montando un negocio, exactamente una pizzería.

Una vez instalados los padres de Sonia, ésta se matriculó en el mismo instituto que Ana. Con el tiempo se creó entre ellas tanta complicidad y una amistad increíble



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Al volver la esquina. Yarince Delgado

Me levanté como hago todas las mañana a las ocho y media, intentando ser metodico porque si he llegado a una conclusión en esta vida es no hay ninguna virtud que este a la altura de la voluntad. Tener controlada cada hora del día para aprovecharla al máximo hace que mi rendimiento en todas las áreas mejore, tanto en el trabajo como en la vida cotidiana.

Sin embargo no siempre he sido así pues arraigar en la mente los hábitos deseados no es tarea fácil ni de lejos y no es algo –Al contrario de lo que yo pensaba- qué se pueda conseguir de la noche a la mañana, no es como si uno se dice a sí mismo “Mañana voy a cambiar”.

Aunque no voy a mentir, estoy seguro de que tuve algo de ayuda, hubo un “no se qué” el cual me hizo darme cuenta de que no podía seguir de la forma en que estaba. Mi propia vida me asqueaba. No era capaz de levantarme antes de la diez ni acostarme antes de las dos, siempre decaído sin ganas de nada ni tan siquiera de vivir. Para mí los días eran eso, solo días, los cuales había pasar sin remedio.

Fue la mañana de un domingo cuando doblé la esquina de aquella institución desconocida y me percate de un llamativo carterlillo tirado en el piso cuyo título me atrajo como imán que atrae a un tornillo, Su encabezado rezaba:

“Esta es tu oportunidad para sacar ventaja a la desidia”

Y aquí estoy, después de meses de perfeccionamiento puedo decir que no soy el mismo, ha sido duro pero ya no soy el mismo.

Al volver la esquina. Adrián Rodríguez Castellano. Gran Canaria

AL VOLVER LA ESQUINA

Era un día normal de invierno, yo acaba de salir de mi casa para ir a hacer algunas compras, pero cuando volví la esquina vi a una persona que creí que nunca volvería a ver. Se trataba de la chica de la que había estado enamorada toda mi infancia y mi juventud hasta que nos tuvimos que separar. Su nombre se me había olvidado en las grandes profundidades de la mente, aunque lo quise recordar no pude.

Quería acercarme y saber si se acordaba de mí pero no podía, me había puesto tan nervioso de volverla a ver que no podía ni mover un músculo. Al cabo de un par de minutos me había calmado y fui a hablar con ella. Al final, ella sí se acordaba de mí y me contó como le había ido su vida lo que le había pasado desde que nos separamos y me dijo que también estaba enamorada de mí, que aunque hubiera tenido tantos novios siempre guarda un lugar para mí en su corazón

Al volver la esquina. Meritxell Mendoza. Gran Canaria

Todo ocurrió años atrás, en un pequeño pueblo del norte de España que se encontraba a varios kilómetros de la ciudad. Allí, en una pequeña pero acogedora casa vivía Libia. Era una joven de 17 años que llevaba una vida aparentemente normal; un grupo de amigos, le gustaban las fiestas, viajar, la música… pero escondía un secreto que nadie había descubierto nunca.

Todas las noches Libia comprobaba que sus padres y su hermano mayor estuvieran profundamente dormidos para salir y verse con un gran amigo. Tenía que tomar esa medida porque su familia no confiaba en él, ya que hacía poco tiempo que se instaló en el pueblo.

Mantuvo ese secreto durante unos tres años, pero no pudo seguir guardándolo mucho tiempo más. Una noche, al igual que otras muchas, Libia salió de su casa a encontrarse con David, su amigo, el cual la esperaba muy nervioso y con ansias. Ya sobre las dos de la mañana la vio aparecer doblando la esquina que la llevaba hacia él.

Todo ocurrió sin ella poderse defender ni saber cómo actuar. David lo tenía todo bien planteado. La llevó a su casa, abusó sexualmente de ella y la golpeó hasta quedar inconsciente.

Esa noche él durmió en un hotel e intentó huir, pero era tarde. Libia había despertado mucho antes de lo previsto y avisó como puedo a las autoridades, que gracias a sus declaraciones y huellas que quedaron en el lugar de los hechos pudieron dar con él y encarcelarlo por muchos años.

Libia se dio cuenta de las insistencias de sus padres y se sentía muy mal por no obedecerlos. Le pareció un buen ejemplo para aplicarlo al dicho que dice que de nuestros errores se aprende.



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Al volver la esquina. Patricia Tacoronte. Gran Canaria

Al volver la esquina

Tuve que irme a estudiar periodismo a Madrid, en la Universidad Nebrija, dejando atrás a mis seres queridos. Me costó adaptarme pues estaba acostumbrada a las carreteras y a los medios de transporte de mi isla natal, Gran Canaria. Al principio me fue bastante mal, no conocía a nadie y no me podía permitir pagar el alquiler del piso que unos tíos de mi amiga Sara me habían dejado, así que lo único que encontré fue un albergue, era económico y acogedor. Allí fue donde lo conocí, trabajaba de vez en cuando de mantenimiento en el albergue, pues el albergue era de su padre, aunque en su vida diaria era un cabo del ejército.

Fue justo a las dos semanas de alojarme allí cuando tuvo que reparar las cerraduras de mi habitación, era un chico alto, ojos claros, moreno, en fin… me llamó mucho la atención. Cuando nos vimos, hubo un flechazo, los dos nos miramos fijamente y la mirada lo decía todo. Desde entonces, habíamos coincidido todas las mañanas, cuando yo me dirigía a la Universidad y él entraba a trabajar. Al mes y medio de alojarme allí, fue cuando empezamos a tener comunicación, siempre que terminaba de trabajar me invitaba a cenar, pero yo no podía permitirme ese lujo, pues tenía que estudiar, así que de tanto insistir una noche le dije que sí y desde esa noche quedamos muy a menudo.

Estuvimos casi dos meses viéndonos y como era normal, la confianza había aumentado. Nos teníamos un cariño muy especial y ya había abrazos, caricias, besos… Se podía decir que ya había sentimientos mutuos y que ya éramos algo más que amigos. En tan poco tiempo había sentido muchas cosas, ya formaba parte de mí y cada vez lo necesitaba más.

Fue el día menos esperado cuando tuvo que irse a África durante un tiempo muy largo, pero que ni él mismo sabía. La despedida fue muy triste pues no sabía cuando lo volvería a ver, si tal vez pronto o tal vez nunca…

Me prometió que me escribiría, aunque siempre esperé esas cartas. Pasaron ocho meses y no sabía de él, no sabía si seguía vivo o no. Yo seguí casi sin fuerzas mis estudios y fue ese día cuando como cada mañana me dirigía a la Universidad y al volver la esquina estaba allí esperándome. Tuvo que darme muchas respuestas a mis preguntas pero todo me sirvió para saber que nunca se pierde la esperanza.

Al doblar la esquina- Josué Castellano Reyes - Gran Canarias

Al doblar la esquina


Un día en una ciudad muy grande, con grandes calles y edificios, se estaba produciendo un atraco y su consiguiente persecución. Era una persecución como la de las películas, tiros, coches de alta calidad y velocidad, de los más caros del mercado, importados de Japón y América.
La policía perseguía a dos jóvenes que, por lo que parecía, tenían mucha experiencia en la conducción de coches. La policía tenía a siete coches y un helicóptero en la persecución, pero aun así, no conseguían alcanzarlos. Llevaban media ciudad recorrida y a pesar de los diferentes bloqueos con pinchos que la policía le avía preparado para que no pudiera seguir muy lejos, no lo avían siquiera tenido a menos de 10 metros.
De buenas a primeras, el coche de los atragantes gira a la izquierda y al girar la esquina vieron un bloqueo enorme de coches, de furgonetas y de motos de policías; los atracadores intentaron dar la vuelta, pero era demasiado tarde, estaban atrapados, coches delante y detrás, sin posibilidades de escapar, en lo alto de los edificios habían francotiradores, que dispararon a las ruedas del coche para evitar otra posible huída, los policías obligaron a bajar del coche a los atracadores, que ni se opusieron, los policías los llevaron a la comisaría y tras un juicio fueron encerrados en la cárcel, dónde estuvieron durante mucho tiempo.
Esta persecución fue una de las persecuciones más grandes vistas desde hacía mucho tiempo y mas aún cuando a los atracadores se les buscaba por tantos motivos: carreras ilegales, atracos, …
La moraleja de esta historia es que hay que tener cuidado en la vida porque uno nunca sabe que es lo que se va a encontrar al girar la esquina.




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