Y aquí estoy, delante de la pantalla intentando encontrar inspiración, pero en mi mente yace el vacío. No hay una idea por simple que sea, que me sirva para redactar un relato. Llevo tiempo pensando, buscando esa chispa de la cual se alimente todo la historia. Pero hasta que no suena el teléfono, no me doy cuenta de que la inspiración está en mi vida.
Lo descuelgo y es él, mi inspiración. Al oír su voz, se encendieron todos mis sentidos. Después de un largo tiempo escuchándolo, nos despedimos. No hace ni un minuto que no lo escucho y ya lo extraño, tengo unas ganas infinitas de verlo. De decirle todo lo que me hace sentir cuando esta cerca, aunque no basten las palabras para explicarlo.
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