¡Ay! Mamá,
¿de cuántos años me voy a casar?,
de 25 (por ejemplo)
no me lo creo,
vamos a contar,
1, 2, 3…
¡Ay! Mamá,
¿de cuántos años me voy a casar?,
de 25 (por ejemplo)
no me lo creo,
vamos a contar,
1, 2, 3…
No sé porqué, pero hoy su sonrisa brillaba más que nunca. Sentada en el patio lo observaba cuidadosamente. Llevaba la mochila en un solo hombro, dejando caer el resto de ésta, a un lado de su perfecta anatomía. Se dirigía a un árbol considerablemente grande, lugar en donde siempre le gustaba leer. Tomó en sus manos un libro para mí desconocido y comenzó a leer. Él era el motivo por el cual yo estaba allá, analizando sus movimientos. Buscando su mirada, que provocaba en mí una sensación inexplicable. En ese momento, sobraron las palabras. Cerró su libro con decisión. Ese gesto me dio a entender que su lectura había finalizado. Se incorporó y lentamente se dirigió hacia mí. Me ofreció su mano y la tomé con timidez. Nos miramos y pude disfrutar de cerca esa hermosa sonrisa, que iluminaría el día si el sol no saliese.
Como cada día despertó cargada de melancolía,
Angustiada, por ese dolor que la perseguía,
Que la consumía, que se la comía…
Atrapada, sin saber cómo pararlo,
Como matarlo o disfrutarlo,
Como apartarlo, arrinconarlo en el cuatro…
(O tal vez en el cinco)
¿Importaba el número acaso?
Como cada día despertó cargada de desesperación,
De frío, de calor…
Desesperada, sin saber cómo arrancársela,
Cómo extirparse esa astilla,
Esa aguja,
Que le recordaba cada día que no es dueña de su vida;
Que no le pertenecían sus días,
Su infancia, sus recuerdos,
Todo desaparecía sin permiso,
Todo, por culpa del tiempo.
Su mundo se desvanecía…
Ni siquiera era dueña de su miedo,
Y mucho menos de sus pensamientos…
Como cada día despertó, hoy viernes, tocaba frustración.
-"¿Viernes? ¡Qué importaba…!"
Ni siquiera distinguía los días…
Solo sabía que ese era el momento de la frustración,
De conocer el porqué de su agonía,
De saber que lo importante son esas manecillas,
Que giran y girar sin parar,
Ese "tic-tac" inmortal que no le deja respirar…
Como cada día despertó sin saberse aún joven o vieja…
¿Cuánto tiempo pasó desde que dormía?
Un año...¿tal vez dos? No lo sabía…
Solo era esclava del tiempo,
Que la humillaba sin escrúpulos, sin miramientos,
Que la sometía a la tortura de saber que la vida
Solo era un préstamo,
Que cada minuto tenía un interés,
Que cada año tenía el coste de un mes…
Que se equivocaba cuando pensaba
Que no importaba si eran la una, las dos, o las tres.
El mar.
Mientras los rayos del sol me acariciaban, escuche los susurros de las olas intentando llamar mi atención.
Gritaban y sin embargo mis oídos solo eran capaces de captar un susurro lejano, el de los miles de recuerdos que se pisaban por volver. Siempre tuve la facilidad de guardar en mi memoria pedazos de mi propia historia para luego olvidar, pero hoy sentada en esta arena que lentamente va quemando mis pies, puedo traer a la vida los relatos más tristes y más felices que este mar ha presenciado y que puse en la cola de "cosas para olvidar"
Apreto mis pies fuertemente contra la arena caliente y mis ojos luchan contra la luz del sol para no llorar. No es el dolor de la piel quemada lo que me hace daño sino el ruido de las olas que rompen descaradas en la roca recordándome que lo que creía olvidado sigue conmigo y que volví esta vez sola al mismo lugar.