Lectores y escritores

En este apartado el protagonista es el lector y sus creaciones, EL LECTOR ESCRITOR, en su sentido más amplio; es decir, no sólo el lector de mis libros sino todo aquel que quiera enriquecer este rincón literario con sus textos. Envíalos a la dirección:

miguelangelguelmi.escribe.narramos14@blogger.com



En el "asunto" de tu correo escribe el título de tu composición, tu nombre y, si lo deseas, tu lugar de residencia. Ejemplo:





La luz en la niebla. Pedro Márquez. Gran Canaria.



Por último, escribe o pega el texto en el cuerpo del mensaje.



¡Y RECUERDA! Cuida la ortografía y los signos de puntuación.



¡BIENVENIDOS!

El agua. Alba Mª Del Pino Martín.Gran Canaria

                                 Como llegaba antes el agua a las casas.

 

En la edad antigua, no es como la de ahora que podemos disfrutar el agua, que viene por medios de tuberías, también hay en pozos.

Antiguamente, pasaba un barranco por donde vivían las personas  y el agua esa se utilizaba para bañarse, lavar la ropa y hacer de comer.

El agua la iban a buscar, se encontraba en pirales, que en cada barrio constaba de un pilar, servía para la comida y tomar. Muchas veces cuando llovía, teníamos que coger el agua de los riscos y se utilizaba para hacer la comida, porque en el barranco el agua venía turbia y no servía, pasaban hasta meses sin tener agua de los barrancos. Pero cerca de donde vivían algunas personas habían una piedra muy grande, el agua chorreaba en la piedra, pero las personas ponían un cacharro, caían gota a gota y lo que llenaba el cacharro, cogían el agua para lo que necesitaran, por ejemplo; para lavar la ropa, la colada, los pisos, para hacer de comer etc.

En verano, en vez de subir el agua hasta las casas, cuando las tardes oscurecían salían de sus casas y se dirigían a ducharse al barranco.

 



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Una gota de agua


El agua, la luz, parece fácil: abrir un grifo, pulsar un interruptor... pero no siempre fue así.

Al doblar la esquina. Raquel Henriquez

Todo ocurrió 5 años atrás, en un pequeño pueblo de Gran Canaria, Gáldar
En una gran mansión vivía una joven de 16 años que llevaba una vida
muy agobiante, era la hija de un gran marqués.
La joven no iba al colegio, pues le daban clases en la mansión.
Clases de etiqueta, de hípica...

Un día la joven se cansó de estar siempre encerrada en esa mansión, y
una noche decidió escaparse.

Se recorrió todo el pueblo impresionada por las cosas tan bonitas que
habían y ella nunca había podido ver.
Pasó la noche fuera de la mansión y sus padres muy preocupados la
buscaban por todas partes.

La joven buscaba un refugio para no ser encontrada, y al doblar la
esquina se encontró con un muchacho. 19 años Alto, castaño, de ojos
claros.
Se quedaron mirándose fijamente a los ojos hasta que la chica quito su
mirada y se fue a alejar.

El muchacho notó preocupación en su cara y le pregunto que qué le pasa.
La joven se lo explicó, y así el chico le ofreció quedarse con él la noche.
Ella aceptó y pasaron la noche juntos en una casita humilde que tenía
le muchacho.
A la mañana siguiente la joven se despertó y no vio al muchacho,
entonces se comió una manzana que él le había dejado encima de la mesa
y se fue al pueblo.
Entonces al doblar la misma esquina que la noche anterior se lo volvió
a encontrar.
Se volvieron a mirar como hacia horas atrás.

De repente aparecieron los guardaespaldas de su padre, y se la
llevaron a la mansión.
Y la encerraron, en su habitación.
Desde ahí no ah vuelto a ver más a aquel muchacho, que por casualidad
del destino se encontró al doblar una simple esquina y que con una
simple mirada, le robó el corazón.

Al doblar la esquina. Francisco Bautista Jorge. Gran Canaria

Todos los sábados suelo ir al mercadillo con mi abuelo. Siempre tenemos que doblar la misma esquina en la que después nos encontramos con el mercadillo de frente. Desde siempre he ido al mercadillo con mi abuelo porque aparte de ser muy interesante ya forma parte de mi rutina de los sábados. Siempre vamos al mercadillo por la tarde ya que por la mañana yo juego con mi equipo de fútbol.

Mi abuelo empezó a enfermar de cáncer y los primeros meses seguíamos yendo al mercadillo juntos como si nada pero en el cuarto mes de su enfermedad al doblar la esquina se cayó al piso y yo preocupado empecé a gritar pidiendo ayuda. Debían operar a mi abuelo para extirparle el cáncer, esta operación era muy complicada por lo que no se sabía si volveríamos a doblar esa esquina juntos antes de llegar el mercadillo.

A la semana de haber operado a mi abuelo seguía en un estado crítico pero parecía que al fin se salvaría, y así fue mi abuelo se salvó.

Todos los sábados después de su recuperación cuando doblábamos la esquina me decía -¿Te crees que te ibas a librar de este viejo tan fácilmente?

Mi abuelo aunque ya era un poco viejo era un hombre muy fuerte y yo sabía que iba a sobrevivir al cáncer.



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Al doblar la esquina. Angel Diaz Hernandez

Vine a esta gran ciudad en busca de otra oportunidad, huyendo de las responsabilidades, de las obligaciones familiares. No quería tener nada que ver con la "tradición" familiar.

Todos dijeron que no lo iba a lograr y que tarde o temprano volvería.
Estaban equivocados.

¿Estaban equivocados?

Vi en ella a la persona ideal, la víctima propiciatoria. Ya era la segunda vez que me la cruzaba, frecuentábamos el mismo pub. Me dediqué a observarla. Siempre solitaria, sentada en la misma mesa, capuchino a la italiana y libro en mano. Físicamente normal, morocha, tez pálida. Normalidad que la haría pasar inadvertida entre el resto de los viandantes, de no ser por la fuerza vital que de ella emanaba, en grado tal que parecía brillar. Así como llegaba, sola, se iba, por lo cual sería fácil seguirla y abordarla.

Y llegó el día, la noche, esperé a que se levantara y abandonara el local, y a una distancia prudencial comencé a seguirla, a cazarla. Al principio ella caminaba como si nada, hasta que al doblar una esquina noté que se apresuraba. ¿Me había visto? ¡Imposible! Una simple intuición le hacía apurar sus pasos, mientras que la esencia de su temor y los latidos de su corazón aceleraban los míos. Este juego del gato y el ratón me excitaba.Comenzó a correr por calles por las que nadie circulaba. Sólo ella y yo en la noche vasta. Y, como era de esperar, la carrera no le sirvió de nada. Nunca una presa se me escapaba.Al cruzar una plaza tratando de eludirme, sintiendo mi presencia aún sin verme, le di alcance. La tomé de un brazo y, volviéndola hacia mí, quedamos cara a cara. Nuestras miradas se cruzaron y, gracias a mi poder hipnótico, quedó fascinada.Mis ojos se posaron en su yugular que palpitaba. Los colmillos me dolían, no soportaba más esta tremenda ansiedad.Ella estaba totalmente entregada. Una vez más, mi vista se posó en su mirada y, con el último hálito de mi voz, le dije:
—No ha pasado nada. De esta noche no recordarás nada.Ella me miró sin verme. Extrañada.
Di media vuelta y me perdí por las calles desoladas.
Vencí, le gane una vez más a esta sed descontrolada.
¡Te maldigo, padre! Maldigo esta pesada carga.Vencedores vencidos - Yu

Al doblar la esquina. Tomás Rosales. Gran Canaria

En la ciudad de Bittown vivía un joven llamado Sebastián de 25 años, el era un famoso empresario en todo el mundo, lo tenía todo, dinero, amor y una mujer e hijos maravillosos. Lo malo que tenia era su personalidad, era ambicioso, mala persona y no ayudaba a la gente que lo necesitaba.

Un día caminando por la calle cerca de su trabajo al doblar una esquina ve a un vagabundo pidiendo dinero, al pasar a su lado lo mira con desprecio, no le dio dinero y se quedo pensando en que como la gente se intenta aprovechar de la gente que trabaja, que piden para ganarse la vida de una forma fácil, Sebastián pensaba que los que pedían en las calles eran unas malas personas y solo lo hacían porque no les gustaba trabajar.

Ese mismo día en la tarde Seba llegó a su casa y estaba su abogado, el abogado le dijo que había tenido un mal negocio y que había perdido el 10% de su fortuna.

Sebastián no se preocupo porque el dinero era lo que más tenía y por perder un poco no pasa nada, decía que ya lo recuperara.

Desde ese día empezaron los malos negocios y poco a poco empezó a perder su fortuna, después de dos años no tenia como pagar las cuentas, no podía satisfacer los caprichos de sus hijos ni los de su mujer.

Luego de un tiempo perdió la casa, los pocos amigos que tenia le dieron la espalda, poco a poco fue perdiendo sus muebles y su esposa se había ido con sus hijos donde su madre. Estaba solo no tenía casi nada, solo era cuestión de tiempo para que le embargaran lo poco que le quedaba.

Dos meses luego de toda esta desgracia Sebastián tuvo que irse a vivir a la calle ya que no tenía nada, sus familiares no le hacían caso por ser tan malo y los que decían ser su amigo no le querían ayudar. Había llegado a lo que él antes más despreciaba, a ser un vagabundo.

Cuando fue en busca de un lugar en la calle para dormir se encontró con el vagabundo que no quiso ayudar cuando doblo aquella esquina. El vagabundo lo miró humilde y le ofreció ayuda, Sebastián se emociono, le pidió perdón, lloro por ser tan malo, se dio cuenta de todos los errores que había cometido con tanta gente que quería y todas las cosas malas que había hecho, también se dio cuenta que algunas personas que viven en la calle es por la mala suerte y no pueden encontrar trabajo o por las circunstancias de la vida. Sebastián y el vagabundo llamado Jaime se hicieron muy buenos amigos.

El ex-empresario 1 mes después de quedar en la calle encontró trabajo y empezó a salir delante de nuevo. Después de un tiempo alquilo una casa y su vida empezó a mejorar, también llevo a vivir a Jaime con él y le ayudo para que trabajara junto a él. Resultaba que Jaime había estudiado pero con la crisis y la mala suerte quedo en la calle.

Mucho tiempo después estos seguían siendo amigos, hicieron una empresa juntos y se hicieron muy exitosos, también crearon una fundación para ayudar a la gente más necesitada ya que ellos también habían pasado por aquello.



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Al doblar la esquina. Alberto González Almeida

Al doblar la esquina, vi a un gentío en circulo, coches de policía y una ambulancia, cerca de mi portal, las personas tenían las caras desencajadas y atemorizadas. Al acercarme e infiltrarme entre la multitud, lo comprendí, en el centro había un cadáver, el cual era irreconocible, debido a la cantidad de sangre y las desfiguraciones de su rostro, seguramente sufridas por una caída desde gran altura.

Entre la multitud se escuchaban comentarios y susurros, de los cuales pude saber que se suponía que había sido un suicidio. En ese momento sentí lástima, pero luego ese sentimiento se transformó en odio y asco, porque consideraba que acabar de esta forma, era penoso y propio de un cobarde terminar con tus problemas de esta manera tan ridícula. Pensé que seria el vecino del 6º, porque era un hombre que siempre tenía una actitud negativa, un rostro triste y apenado. Pero enseguida cambié de opinión al levantar la vista y verlo entre la multitud, me dió la sensación de que en su rostro, había una leve sonrisa, seguramente le satisfacía pensar que había alguien mas infeliz y con mas problemas que él, en ese momento sentí repudio hacia esa persona. De repente veo que de entre la multitud sale una mujer con una expresión en la cara de terror, que atraviesa el cordón policial y a los agentes que intentaron detenerla. Se acercó al cadáver muy lentamente, como con miedo, e inesperadamente, estalla en un llanto inconsolable gritando un nombre.-¡José! ¡Joséeee!. En ese instante me recorrió la espalda una sensación de terror, me acerque más para poder ver bien a la mujer. Estallé en un llanto inconsolable, no podía creer lo que estaba viendo. Nunca olvidare el día en el que vi a mi madre llorando enzima del cadáver de mi hermano José.



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