Lectores y escritores

En este apartado el protagonista es el lector y sus creaciones, EL LECTOR ESCRITOR, en su sentido más amplio; es decir, no sólo el lector de mis libros sino todo aquel que quiera enriquecer este rincón literario con sus textos. Envíalos a la dirección:

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La luz en la niebla. Pedro Márquez. Gran Canaria.



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¡Y RECUERDA! Cuida la ortografía y los signos de puntuación.



¡BIENVENIDOS!

En el recuerdo



Eran padres, hijos, esposos o hermanos..

También fueron hermanas, nietas, tías, amigas de la infancia y primas.
71 familias destrozadas y una comunidad que ha perdido un patrimonio de ilusión y esperanza.
Empatizo y pienso en la UD Las Palmas. En lo que me contaba mi abuelo, mis tíos, quienes ya no están. Lo que nació de una unión, como el Chapecoense. Lo que gracias a la unión no desapareció..
Malas gestiones y lo que cuesta sacar adelante a un equipo.
Eran padres, hijos, esposos, novios, hermanos..
Llevaban la ilusión a un pueblo. No es fácil vivir hoy en día en el entusiasmo.
Los equipos pequeños, los que suelen perder, alimentan mucho más a sus fieles, porque estos no esperan nada a cambio y porque suelen ser los de siempre. Los que transmiten el amor, el respeto y el sentimiento a un escudo de padres a hijos. Claro que, en este caso, el Chapecoense sólo contaba con 43 años de vida.
En los últimos dos llenó de gloria su campo. Un ascenso a la máxima competición y un hueco entre los importantes en competiciones internacionales. Sin grandes nombres pero con mucho corazón eliminó al San Lorenzo, al Independiente... equipos de renombre en el fútbol sudamericano. Mañana jugaba una final. Una final que ya había ganado por el mero hecho de estar simplemente ahí, entre los grandes.
Fueron hijos, amigos, confidentes, amantes..
Y llevaban el peso de la responsabilidad de compartir con sus 7.000 aficionados de siempre que cada semana ocupaban sus gradas, más los miles que llegaron después para vivir las eliminatorias de la copa Sudamericana y, en definitiva, contagiar a los 200.000 habitantes de Chapecó la esperanza y las ganas con las que vivían esta hazaña. Eso era lo que hacían, ofrecer sueños, vender ilusiones, compartir sonrisas, repartir sentimiento.. Es lo que yo siento desde bien pequeña con la UD Las Palmas. Por eso ahora tengo tan presente a cada aficionado que ocupa las gradas de ese pequeño estadio. Llevan todo el día en vela, llorando a los suyos, rezando por sus almas. Como penitentes y sin rumbo pero con sus camisetas y su pena de quien ha perdido mucho, llevan postrados en los alrededores de ese campo desde esta mañana.
Ofrecieron una misa en su pequeña catedral, transportaron un lazo negro y gigante y a esta hora gritan como pueden sus nombres, su himno, roto.
Hijos, hijas, vecinos, futuros padres, hermanos, hermanas..
Hoy el sur de Brasil se ha teñido de un luto inmenso. Yo me acuerdo de todas las desgracias que suceden cada día. 71 familias en ese accidente y demasiadas en cada continente por guerras y desgracias.
Empatizo y revivo mi incidente aéreo. No olvido cuando estalló aquel motor en pleno vuelo. Han pasado años. Lo que sentí, el terror que vivimos los pasajeros.. yo guardo eso. Por eso también me acuerdo de ellos.
Eran padres, madres, hermanos, hijos, nietos, sobrinos, tíos.. y han llenado un campo entero. Nuestros corazones. Este pensamiento, una oración y mi sentimiento van con ellos.
Descansen en paz.

Julia Lamas. LPGC

Ana Hernández Rodríguez. No estaba muerto

Seis de la mañana. Lunes. Todos en casa dormían excepto yo: me había desvelado. No sabía a qué técnica recurrir para volver a conciliar el sueño, pues todavía quedaba una hora para que la alarma de mi despertador sonara. El abuelo me había contado que cuando a él de pequeño le pasaba esto, cerraba los ojos y se imaginaba en un lugar tranquilo, así que lo probé: me visioné en una playa en la que solo me encontraba  yo. Escuchaba el ir y venir de las olas y el sonido que estas provocaban al romperse en la orilla. La técnica no funcionaba... es más: mi vejiga me pedía a gritos que fuera inmediatamente al baño. Me decidí a esperar un poco, pues desde que era niña si me levantaba de la cama luego me sería muy difícil volver a dormirme.
No pude, así que fui al baño y al terminar volví a la habitación. El tiempo se había pasado rápidamente: sólo faltaban dos minutos para que mi despertador anunciara que ya era hora de comenzar mi rutina mañanera, así que lo apagué y me levanté. Desayuné, me vestí y fui al instituto  como un día cualquiera. Me parecía que el tiempo no pasaba. Las horas parecían hacerse eternas.
Al cabo de unas cuantas horas tocó el timbre y era hora de volver a casa. Por el camino pensaba en qué habría de comer en casa. "Ojalá sea un buen plato de macarrones", me dije.
Llegué a casa y todo era muy extraño: no olía a comida y mamá no me esperaba con su preciosa sonrisa para preguntarme su rutinario "¿Qué tal en el cole?", a lo que yo, cómo de costumbre le respondería mi seco pero suficiente "bien". Esta vez mamá se secaba las lágrimas e intentaba sonreír, pero no le salía. Le pregunté qué ocurría, a lo que me contestó:
-Siéntate cariño. Tengo una mala noticia
-No me asustes - le dije
-Es el abuelo. Como ya sabes lleva mucho tiempo ingresado y...
-¡No! ¡Dime que no! ¡No ha muerto!- grité
-Lo siento... y me abrazó.
He de admitir que fue el peor lunes de mi vida. Al cabo de unos días fue el entierro. Mirábamos a la tumba con las mínimas esperanzas de que todo aquello fuera una broma, pero no era así...
-Tranquila mamá. El abuelo no está muerto. Siempre estará e nuestro corazón.
Mamá sonrió y me abrazó.

LEYENDA:
Complemento directo:   
Complemento indirecto:    
Complementos circunstanciales:    
Complemento predicativo:      

No estaba muerto. Ana Hernández Rodríguez


Seis de la mañana. Lunes. Todos en casa dormían excepto yo: me había desvelado. No sabía a qué técnica recurrir para volver a conciliar el sueño, pues todavía quedaba una hora para que la alarma de mi despertador sonara. El abuelo me había contado que cuando a él de pequeño le pasaba esto, cerraba los ojos y se imaginaba en un lugar tranquilo, así que lo probé: me visioné en una playa en la que solo me encontraba  yo. Escuchaba el ir y venir de las olas y el sonido que estas provocaban al romperse en la orilla. La técnica no funcionaba... es más: mi vejiga me pedía a gritos que fuera inmediatamente al baño. Me decidí a esperar un poco, pues desde que era niña si me levantaba de la cama luego me sería muy difícil volver a dormirme.
No pude, así que fui al baño y al terminar volví a la habitación. El tiempo se había pasado rápidamente: sólo faltaban dos minutos para que mi despertador anunciara que ya era hora de comenzar mi rutina mañanera, así que lo apagué y me levanté. Desayuné, me vestí y fui al instituto  como un día cualquiera. Me parecía que el tiempo no pasaba. Las horas parecían hacerse eternas.
Al cabo de unas cuantas horas tocó el timbre y era hora de volver a casa. Por el camino pensaba en qué habría de comer en casa. "Ojalá sea un buen plato de macarrones", me dije.
Llegué a casa y todo era muy extraño: no olía a comida y mamá no me esperaba con su preciosa sonrisa para preguntarme su rutinario "¿Qué tal en el cole?", a lo que yo, cómo de costumbre le respondería mi seco pero suficiente "bien". Esta vez mamá se secaba las lágrimas e intentaba sonreír, pero no le salía. Le pregunté qué ocurría, a lo que me contestó:
-Siéntate cariño. Tengo una mala noticia
-No me asustes - le dije
-Es el abuelo. Como ya sabes lleva mucho tiempo ingresado y...
-¡No! ¡Dime que no! ¡No ha muerto!- grité
-Lo siento... y me abrazó.
He de admitir que fue el peor lunes de mi vida. Al cabo de unos días fue el entierro. Mirábamos a la tumba con las mínimas esperanzas de que todo aquello fuera una broma, pero no era así...
-Tranquila mamá. El abuelo no está muerto. Siempre estará e nuestro corazón.
Mamá sonrió y me abrazó.

LEYENDA:
Complemento directo:   
Complemento indirecto:    
Complementos circunstanciales:    
Complemento predicativo:      

No estaba muerto - Darío Suárez 3ºA

NO ESTABA MUERTO

Se despertó igual ayer se había acostado, medio somnoliento y con hambre. Pero hoy era un gran día, era su gran final de atletismo. Llevaba mucho tiempo entrenando y confiaba en sus posibilidades de ganar y en su gran fortaleza. Desayunó fuerte, un gran desayuno para un gran corredor, y aunque a él le pareció poco, se conformó con eso. La carrera empezaba pronto por lo que tuvo que coger el coche rápidamente para llegar a tiempo. Condujo todo el trayecto hasta llegar al evento muy ilusionado. Enseguida preparó todo, se calzó adecuadamente, y se pegó su dorsal en la camiseta. No tardó ni dos minutos en empezar la carrera. Al pitido del inicio salieron todos los corredores, él por delante, a gran velocidad. Ni le hizo falta echar un vistazo para darse cuenta de que poco a porque se alejaba más del resto y se acercaba más a la meta. Pero de pronto algo llamó su atención: una mano asomaba entre unos matorrales a un lado del camino. Rebuscó entre ellos y encontró el cuerpo inmóvil de una persona. Rápido como él solo, llamo a una ambulancia que en menos de nada se presentó allí. Con una rápida mirada, observaron al paciente. Determinaron que no pasaba nada, que solo era un corredor más que se había desmayado por el cansancio de la carrera. Le reanimaron, le hidrataron con agua y se fueron. Por otro lado, él les dio las gracias y siguió corriendo. Terminó con una merecida victoria.

No estaba muerta. Eva Pérez

"No estaba muerta"

Todo ocurrió aquella tarde en la que nos llevaron al museo dedicado a la antigua civilización egipcia. Yo me quedé detrás de una columna de piedra mientras el guía explicaba, esperando el momento perfecto para escabullirme. Me aburren este tipo de visitas, y a Carol también. Cuando nadie nos miraba, dimos media vuelta y nos dirigimos al pasillo central; aquel en el que habían miles de amuletos, como el Ojo de Horus, el escarabajo sagrado o la llave de la vida. A continuación se encontraba la sección de momias y sarcófagos. ¡Mi favorita! Las momias estaban incrustadas en la pared pero con una cristalera que permitía verlas, y los sarcófagos no estaban expuestos al público porque querían conservarlos muy bien. Al fondo de la sala divisamos un  pequeño pasadizo con un cartel que decía: "Prohibido el paso". Así que nos aseguramos de que nadie miraba y entramos corriendo. Vimos los sarcófagos de muchos faraones, pero había uno en concreto que estaba entreabierto. Oí cómo una vocecilla me llamaba y mi corazón empezó a latir fuertemente. Se trataba de la reina Cleopatra. Me dijo que había regresado a la vida para zanjar un asunto pendiente y que yo era la elegida.

 

LEYENDA:

-Complemento directo: media vuelta

-Complemento indirecto: a Carol

-Complementos circunstanciales: en la pared, fuertemente

-Complemento predicativo: elegida

-Complemento de régimen: de visitas

No estaba muerto. Isabel Vega 3ºA

 

Ese viaje fue el más raro de mi vida. Estaba en el avión destino Nueva York. Iba por la mitad del trayecto cuando surgió. Yo estaba dormida, pretendía estarlo la mayor parte del tiempo. Pero no me imaginaba que fuera a…soñar. En mala hora tuve un sueño, no pensaba que me iba a pasar esto. Me puse mis cascos con música relajante, para conseguir el sueño más rápido. Una vez dormida, empieza el típico sueño en el que crees que no va a pasar nada, pero siempre pasa. Eran las ocho de la mañana, me encontraba en la cama, recién despierta. Me sonó el móvil, me levanté corriendo a cogerlo. Era mi hermana, me llamaba preocupada por su perro. Se había puesto muy malo durante la noche, y no sabía qué hacer. Le dije que llamara a un veterinario para que fuese a su casa. Yo también iba a su casa para esta con ella y tranquilizarla. Llegó el veterinario, enseguida le indicamos donde se encontraba el perro. Mi hermana le explicó lo sucedido. Dejamos solo al chico para que pudiera trabajar mejor. Al cabo de unos minutos, se acercó a donde estábamos. Nos explicó que no se podía hacer nada, el perro tenía una enfermedad que iba a acabar con él en unas horas.

No dejamos solos al perro durante toda la tarde, pero cuando nos acercamos a su lado, el perro no se movía, y había dejado de respirar. Mi hermana empezó a llorar. La calmé. Al cabo de unas horas regresé a mi casa. La imagen del perrito me vino a la cabeza y me derrumbé. Empecé a llorar, e incluso gritaba ¡no estaba muerto! Hasta que me desperté gritando en el avión y todos los viajeros mirándome. Estaba súper avergonzada. Menos mal que solo quedaba media hora de vuelo.

 

LEYENDA:

- mis cascos (Complemento directo).

- La calmé (Complemento indirecto).

- de la mañana, corriendo (Complemento circunstancial).

- Ese viaje fue el más raro de mi vida (Sintagma predicativo).

- de mi vida (Complemento de régimen).