Lectores y escritores

En este apartado el protagonista es el lector y sus creaciones, EL LECTOR ESCRITOR, en su sentido más amplio; es decir, no sólo el lector de mis libros sino todo aquel que quiera enriquecer este rincón literario con sus textos. Envíalos a la dirección:

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La luz en la niebla. Pedro Márquez. Gran Canaria.



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La mirada del pintor - Akaymo Oliva GC

Había terminado todo, en un abrir y cerrar de ojos ya no había nada mas que

hacer allí. Los soldados se marchaban, algunos querían seguir esa lucha

ridícula, otros, simplemente recordaron que volverían a casa dentro de unos

Días a tiempo para la cena. Pedro una leyenda viva de esa batalla no creía aun que todo hubiese acabado ya, su historia es la de un pobre herrero de un pueblito del centro de la península Ibérica afectado por la guerra de los carlistas contra los isabelinos.

Un día, unos militares entraron en su negocio y lo reclutaron en el bando carlista, el se preguntó que había hecho para merecer ir a una guerra y se dio cuenta de que lo que no había hecho era tener dinero para no ir.

Fueron unos cien duros días rodeados de sangre, alcohol, miseria y sobretodo dolor, muchos amigos de su quinta muertos de maneras horribles y solo quedaba el, el y su espada.

El día que se entero de el armisticio acordado para el final de dos batallas mas, pensó en huir hacia su pueblo para asegurar su vida el plan fue frustrado por un general que se entero y no dejo escapar a su mejor soldado en el cuerpo a cuerpo por lo tanto tenia que evitarlo, su manera fue el pago de una gran suma de monedas de oro y plata por dos batallas, si conseguía vivir le esperaba una vida de lujos y buena vida.

Ese día llegó y Pedro seguía vivo, el coronel Di María le pago su esfuerzo y volvió a Torremolinos con su mujer y su pequeño hijo.

Lo peor fue el día en el que un ladrón se metió en su casa cuando Pedro había salido con sus amigos y no solo le robo todo, si no que había matado a su esposa y a su hijo.

 

La mirada del pintor--Josué Castellano Reyes

Corría el año 1870, en un lugar de la antigua Asía, estaba apunto de estallar la guerra de Bankuck.
Un señor llamado Wili, sargento del comando G.A.1 de Japón, dirigía un pelotón de aproximadamente unos 60 hombre bien preparados tanto en la batalla cuerpo a cuerpo como en la batalla con armas.
Este comando tenia la misión de acabar con el mayor número de personas de ejercito de Rusia. Los japoneses querían acabar con el gobernador Bari por que había insultado a los japoneses y en general con toda su cultura y eso fue algo que a ellos no les gusto nada de nada.
Los rusos lo tenían muy difícil por que los japoneses eran una gran potencia en desarrollo y si se les hacía enfadar pues todavía eran peor.
El comando G.A.1 avanzaba con bastante rapidez rumbo a la capital rusa, matando todo y cuanto se movía en torno a su alrededor. Este comando avanzaba de este a oeste y todavía le quedaba mucho camino por recorrer y la parte más difícil no había llegado aún.
El ejercito ruso más fuerte y numeroso se estaba concentrando en la capital y el gobernador Bari se preparaba para una posible huida, claro que él tampoco sabia lo que se le caía encima. Los japoneses abrieron trincheras lo mas cerca posible de la capital, donde los rusos las tenían. Esta guerra iba a durar mucho, o eso se pensaba, otros tres comandos llegaron a la capital de Rusia, presionando a los rusos. Bari sabía que su ejercito no aguantaría mucho más e hizo lo más coherente que se le ocurrió, pedir perdón públicamente en Japón, realmente no lo quería hacer pero no le quedaba mas remedio si no quería morir y que murieran muchos de sus amigos, familiares, …
Después de que Bari le pidiera perdón a los japoneses esta guerra se acabó y los rusos y los japoneses se llevan mejor.



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Alberto González Almeida

En la ciudad de Florencia, en Italia, a finales de la unificación italiana. Había un hombre de sangre noble llamado Fabio Auditore, el cual era muy apreciado por todas las personas de la ciudad por su amabilidad y generosidad, nunca dudaba en ayudar a los desvalidos, y a luchar contra la injusticia hacía el pueblo, al igual que habían hecho sus familiares durante generaciones. Vivía en dicha ciudad con su esposa Andrea y sus dos hijos, Ángel y Manuel, los dos casi adultos. La familia Auditore era una familia adinerada y bien acomodada. A las afueras de la ciudad, en su villa, vivía la familia Pazzi, formada por gente malvada sin escrúpulos, que habían conseguido su fortuna con actos delictivos, como robos, asesinatos, saqueos a aldeas indefensas. Esta familia estaba enfrentada con los Auditore desde hacia años, por que el abuelo de Fabio lucho contra ellos cuando intentaban atracar a unos campesinos indefensos. Este suceso no lo han olvidado ninguna de las dos familias y esto a hecho que se odien mutuamente.

Fabio y su familia pasean por la Piazza della Repubblica, cuando de repente un hombre se acerca corriendo y agarra a Andrea y se la lleva corriendo, Fabio y sus hijos sorprendidos, sacan las espadas y salen en persecución del secuestrador, pero por desgracia era día de mercado y la mayoría de la gente de la ciudad estaba en la plaza, lo que le facilito la huida al secuestrador. Fabio estaba desesperado, no sabía a donde se habían llevado a su mujer, ni lo k le estarían asiendo esos malvados. Cuando llego a su casa vio que en la puerta había una carta clavada, era de los Pazzi, esto hizo que la sangre le hirviera de odio. Cuando Fabio y sus dos hijos estaban a punto de partir hacía la villa de los Pazzi para rescatar a su mujer, muchos de los ciudadanos de la ciudad se unieron a ellos por que querían pagarle la generosidad y bondad que había tenido con ellos.

Al llegar a la entrada de la villa, Fabio les pidió que le entregaran a su mujer sana y salva, para que no hubiera un derramamiento de sangre inocente. Ellos rechazaron la oferta de Fabio por que querían verle muerto, a el y a toda su familia. Comenzó la batalla, los Pazzi habían construido una fortaleza alrededor de la villa y además los superaban en numero, pero Fabio ideo un plan y fue haciendo grandes Hogueras alrededor de la villa, el humo se fue convirtiendo en una gran nube negra que rodeaba a toda la villa, lo que produjo que las tropas de los Pazzi salieran a luchar fuera, los soldados estaban aturdidos por el humo, pero a parte de eso la lucha fue encarnizada muchos hombres perdieron la vida, pero finalmente los Pazzi se rindieron, le devolvieron la mujer a Fabio y en símbolo de su vergonzosa derrota el jefe de los Pazzi le entrego la llave de la villa a Fabio y se fueron de la región de la Toscana para siempre.



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La mirada del pintor. Francisco Bautista Jorge

Una vez Isidoro y Martín grandes amigos desde pequeños se tuvieron que separar por una gran guerra civil. Isidoro al tener pocos estudios entró como soldado raso y Martín como había estudiado una carrera universitaria entro en el ejercito como comandante.

Isidoro ya tenia una familia una gran familia muy unida , su mujer Sabrina, sus hijos Felipe , Manolo, Josue y su hija Sabrina. En el caso de Martín solo tenía una media novia desde su juventud pero su relación se rompió cuando Martín le dijo que tenía que ir a la guerra y que posiblemente no se volverían a ver.

Isidoro todos los días le mandaba cartas de amor a su mujer y a sus hijos, mientas Martín se emborrachaba en los bares casi todas las noches.

Martín en una de estas noches de bares una mujer de la noche le llamo la atención… si una prostituta. Martín anduvo durante meses intentando hacerse querer por ella, muchas noches le pagaba solo por mirar como dormía durante toda la noche. Esta prostituta que por cierto se llamaba Evelin acabo tremendamente enamorada de él por su forma de ser unicamente dado que su físico no era gran cosa.

Isidoro mediante algunos favores a sus jefes y haberle caído bien a más de uno de ellos había conseguído en menos de un año ponerse en lo más alto del ejercito era secretario de la defensa nacional. Martín al encontrarse enamorado de Evelin había dejado las borracheras y se había hecho un hombre serio en su trabajo y muy cumplidor por lo que llego al mismo cargo que Isidoro pero claro estaban en bandos diferentes.

Martín y Evelin tenían planeado casarse al final de la guerra, pero a Martín aun le quedaba una gran batalla. A su vez Isidoro le mando una ultima carta a su mujer porque sabía que tenia la gran batalla por delante y que había la posibilidad de morir. En esa carta prácticamente se despedía de su mujer y de sus hijos.

Martín al frente de una bando y Isidoro al frente del otro se encontraron cara a cara en la gran batalla y lo primero que hicieron fue saludarse darse la mano y romper a llorar. Al ser los dos los máximos jefes quisieron anular la batalla y la guerra dado que no veían porque amigos de toda la vida tenían que matarse unos a otros.

¡La guerra civil acabo con un buen fin!



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La mirada del pintor

















Un cuadro refleja la mirada que un pintor tiene sobre una realidad determinada. ¿Qué te sugiere? ¿Tienes una historia que contar?

Lo vi en el metro. Yoana Castellano.


Una noche de invierno, paseando por el centro de Londres en una noche lluviosa, llena de desasosiego. La luz de las farolas centelleaba y mientras observo el ir y venir de los viandantes, me arropo; el frio cala hasta los huesos, a pocos metros la estufa calienta los cuerpos de varias personas que hablan en coro. A cada paso, el frio se me antoja hielo, y los brazos se me van adormeciendo ante la inmensidad de la gran avenida, que parece no tener fin.
Tras un interminable camino, en el horizonte, un desenfocado cartel luminoso, me acerca a mi objetivo. Ya en las escaleras del metro londinense, una ola de calor me invade, la calefacción, a 17 grados me empieza a calentar todo el cuerpo. Algo recuperada, comencé a bajar las escaleras. Cuando ya me disponía a pisar suelo firme, me percaté de que una sombra interminable y voluminosa, recorría las escaleras tras mis espaldas. Miré en un instante hacia atrás, algo asustada, pero no había nada. Pensé que había sido una alucinación y continúe caminando, algo apresurada, hacia mi destino. Entonces volví a tener la misma sensación, esta vez mucho más cerca, algo me rosaba la nuca, un aire denso y caliente, algo así como el aliento de alguien. Petrificada, trate de encontrar en el horizonte algo reflectante que me diera una respuesta, en forma de reflejo, pero no encontré nada. Decidí dar un paso, me aleje, continúe caminando, pero no desapareció, se me volvió a acercar. Cada vez más aterrada me parecía oír voces lejanas, de mujeres que gritaban en la inmensidad. Estaba sola en aquella estación, estaba sola en aquella noche, no había nadie. El metro que debería haber pasado no parecía llegar. Me creí sola en el mundo en ese momento.
Todo parecía encrudecerse. Lo que antes era una gran sombra, y más tarde un soplo de aire, ahora se transformaba en fuertes y sonoras respiraciones. Una bestia, pensé. No - tranquilízate, no hay nada-. En ese mismo instante me invadió un escalofrío por todo el cuerpo, unas figuras humanas, de algo más de metro y medio empezaban a aparecer desde el fondo, unas voces; unas voces infantiles amenizaban la terrorífica situación, se oían lejanas, perdidas en la oscuridad. Miré a mi alrededor, las paredes se tornaron sucias y oscuras, las luces que iluminaban la estación, intermitentes, emitían un sonido eléctrico apabullante. Las figuras se acercaban más y más, y la sombra seguía allí, esta vez parecía agitarse. Los oídos me pitaban, ya no podía ver con claridad, mire hacia atrás, pero una voz que me llamaba impidió que viera aquello, me volví hacia delante. Una figura inmaculada, levitaba ante mis ojos atónitos. Me llamaba, agitaba su brazo hacia arriba y hacia abajo, decía mi nombre. Dude, me acerqué. No cavia duda, era ella. Era aquella joven que un mes atrás, atropellé y que cada noche me visitaba en sueños. Era ella, su cara parecía cansada y sucia, un halo de luz la iluminaba. Su mensaje me llego como una idea que de repente aparece en la mente. Debía morir, y de la manera mas cruenta que pudiera imaginar. Aquellos seres, muertos que no han logrado el cielo, seres dispuestos a llevarse un alma al infierno en el que debía estar. ¡Perdóname!¡Perdóname!, grité hasta agotar mi aliento. Mi voz se perdía, se agotaba. Ya no emitía sonido alguno.
Cerré los ojos, había gente, la luz iluminaba la nítida y blanca estación, los carteles informativos me llamaban. El metro ya ha llegado.


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Lo vi en el metro. Juan Manuel Medina

Era una tarde de invierno. El frío era tan gélido que respirar se me hacía dificultoso. Aunque estaba bien abrigado, con unos guantes, bufanda y chaquetón de plumas, era insoportable estar más de diez minutos a la intemperie. Por ello decidí regresar a casa y no ir ese día a la biblioteca municipal como solía hacer todos los días al salir del instituto.

Al entrar en la estación de metro lo vi, estaba sentado en el suelo, con la cabeza baja y sus manos abrazándose a la altura de los pies de los transeúntes, en señal de ayúdenme con lo que puedan.

Nadie se percataba de él, todo el mundo caminaba rápidamente a coger su vagón.

Me sorprendió, como podía estar aguantando el insoportable frío con la ropa que llevaba; una camiseta, un pantalón vaquero y una americana. Sus manos estaban rojas y cuarteadas, y sus labios morados.

Me acerqué y le pregunté que si quería un bocadillo, y me contestó que lo que yo quisiera. Así que me dirigí al piscolabis y le compre un bocadillo de jamón serrano y un vaso de leche bien caliente. Cuando regresé para dárselo, sus ojos me miraban con una gratitud difícil de describir, pero fácil de ablandar el corazón de cualquier persona.

Se tomó la leche tan rápido sin darse cuenta de que se podía quemar, pero el bocadillo si que lo saboreó, lentamente, como si fuese lo único que iba a comer durante no se sabe cuantas horas o días.

De repente,empezaron a caerles lágrimas pos sus mejillas, y de su débil voz salió una expresión de gratitud en un idioma que yo no pude entender, pero que traducido a cualquier idioma, en el que la mirada hablase, significaría "muchísimas gracias".

Ese día comprendí cuantas personas llamadas "sin techos", pasan sus vidas en soledad a expensas de que nosotros los que vivimos mejor les ofrezcamos algo.

A partir de ese momento, reflexionando sobre como poder ayudar a los que menos tienen, colaboro con una asociación que ayuda a las personas que viven en la calle para darles asistencia médica, social y psicológica.

Si todos los días aprendiéramos a ser mas humanos y mas bondadosos, creceremos mas como personas.

No debemos discriminar al otro por su raza, religión o condición social ya que en última instancia todos somos humanos.



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