En este apartado el protagonista es el lector y sus creaciones, EL LECTOR ESCRITOR, en su sentido más amplio; es decir, no sólo el lector de mis libros sino todo aquel que quiera enriquecer este rincón literario con sus textos. Envíalos a la dirección:
En la latería de Santiago, vivían 500 latitas, todas ellas muy bonitas. Una lata de éstas tenía mucho frío y no sabía como calentarse. L a lata más anciana le dijo que se calentara con fuego, pero que tuviera mucho cuidado con caerse porque las consecuencias serían desastrosas.
La lata fue a donde había fuego, pero no fue sola, se marchó con más latas de su edad. Al llegar al lugar, todas se acercaron cautelosas por miedo al fuego, que era algo nuevo para ellas. Luego de unos minutos todavía no se calentaban, entonces se les ocurrió bailar alrededor de las llamas para calentarse mas rápido. De pronto en un abrir y cerrar de ojos una de las latas cae al fuego. Las demás, asustadas, fueron a socorrerla, pero al intentarlo cayeron casi todas. Solo quedó una, llamada Lato, que fue la que le pregunto al anciano como calentarse.
De tal magnitud fue la culpa de Lato, que estuvo sin hablar con nadie durante mucho tiempo, hasta que un día, sin previo aviso, apareció muerto.
Desde ese momento las latas solo están en el frío por miedo al calor del fuego. Lato siempre fue recordado hasta nuestros días, le tienen un monumento en la Latería para recordarlo siempre.
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Era invierno, corrían días de lluvia, las calles olían a mojado y las plantas con la gran cantidad de gotitas de roció posadas el ellas se movían al paso de la brisa.
Sara una chica de 15 años, vivía en un pueblecito, apartado de todo bullicio conocido, en una casa no pequeña, pero tampoco, muy grande, donde compartía su vida con su mas apreciado tesoro, su familia. Su madre, Carlota, con quien compartía casi todo; era su mejor amiga y confidente. Con su padre, Francisco, a quien en el pueblo todos conocían como "Paquito el Carpintero", que comosu apodo dice, era uno de los mejores carpinteros que había en el pueblo. Y con su hermana pequeña Irene, doce años menor que ella y que a pesar de su corta edad tenía un gran carácter, pero también era la criatura mas dulce y linda de todo el pueblo. La familia de Saraerahumilde, solo entraba un sueldo en la casa, el cual daba para lo justo que requiere vivir, dar de comer a dos niñas en pleno crecimiento, algún que otro, pero muy escaso, capricho, y por supuesto, los gastos de la casa.
Sara conocedora de la situación familiar, asistía a clase todos los días, con gran entusiasmo, sabiendo que con los estudios y su esfuerzo, sería lo único que en un futuro, no le haría pasar el apuro que pasan sus padres día a día.
A Sara le gustaba mucho el diseño. Tanto de moda, como el diseño de interiores. Por eso se esforzaba al máximo trabajando en unos bellos dibujos, que de poco servían, ya que muy pocos veían la luz. Sara era una niña muy tímida, por lo que hasta el insignificante hecho de que cualquier persona, que no fuera ella misma, viera sus dibujos, la hacía ruborizarse.
Sara había hecho un diseño de una lata muy bonito, con colores muy vivos y un bonito dibujo. Lo mantenía guardado como tantos otros de sus bellos dibujos. Ella pensaba que nadie sabía que los escondía, pero se equivocaba. Su madre, como amiga y confidente, a sabiendas de sus sentimientos y de sus mucho dibujos guardados con tanta ansia en los cajones viejos de su alcoba, cuando Sara iba a clase, con la excusa de recoger la habitación de su hija, aun sabiendo lo ordenada que era, entraba en el cuarto de Sara. Podía llegar a pasarse horas admirando los dibujos que su hija había elaborado con la misma facilidad que tenía para respirar.
Un día, su madre, al enterarse de un prestigioso concurso de dibujo en la ciudad y conocedora de su miedo al ridículo, sin que Sara se enterara, entro en su cuarto, cogió el dibujo de la lata, que a su parecer era el que más demostraba la personalidad de su hija, lo metió en un sobre y lo envió por correo al concurso.
Pasaron dos largos e interminables meses para la madre de Sara, hasta que un día llegó una carta en respuesta del concurso. Cuando la madre de abrió la carta y comprobó con asombro que su hija Sara había quedado cuarta en el concurso se quedó desconcertada, pero muy contentaya que, auque lamentablemente no había ganado nada, ella entendía que a pesar de no haber ganado el concurso su hija tenía un buen potencial por explotar y que la próxima vez podría tener suerte.
Día mas tarde Saraencontró dicha carta, por una parte se sintió contenta, personas que no la conocíanabsolutamente nada, sólo por un dibujo opinaban que tenia talento, pero por otra parte se sintió decepciona por dos razones, la primera era que pensaba que si tenía potencial..¿Porqué no había ganado nada?; y la otra era porqué su madre,que sabía el gran temor que tenía hacia las opiniones ajenas, había mandado el dibujo sin ni siquiera habérselo dicho. Se enfadó tanto, que estuvo un par de semanas sin hablarle a su madre.
Pero a las pocas semanas, para sorpresade su madre y de Sara, llegó otra carta con el remitente de una compañía de refrescos, en la carta ponía que por medio del concurso habían descubierto a Sara y que querían que ella, diseñase el envase de uno de sus nuevo productos, que era urgente y que la compañía pasaba malos momentos financieros.
La famosalata de KASdiseñada por una niña de15 años, dio la vuelta al mundo, la compañía se enriqueció a pesar de la polémica de su diseño, le pagaron bien, y la empresa quedó agradecida por sacar a la empresa de casi una quiebra absoluta.
Sara, tras lo sucedido al darse cuanta de lo mal que había tratado a su madre, le pidió perdón, su madre, contenta y feliz de que su hija estuviera feliz, aceptó las disculpas sin ningún tipo de remordimiento.
A partir de ahí Sara siguió estudiando, pero también diseñando, para múltiples compañías que la fueron conociendo por su diseño de la lata de KAS. A partir de este momento la situación económica de la familia mejoró gracias a los múltiples ingresos de Sara. Ella terminó los estudios con buenas notas, terminó la carrera de diseño grafico y aun vive en su casa con su familia, pero ahora es directora de su propia empresa de diseño de interiores.
¿Ella jamás hubiera pensado que la vida le cambiaría tanto conel dibujo de una simple lata de refrescos?
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Día caluroso del mes de junio. Claudia parecía la niña más feliz a la salida de clase. Empezaba el verano y desde hacía varios días llevaba planeando algunas de las actividades que le gustaría hacer: ir al cine, estar más tiempo con su familia, también los amigos y, por supuesto, en su verano tenía que haber naturaleza, libertad, paz…
Llegada la tarde reflexionó sobre sus preferencias y se las comunicó a sus padres. Ellos la escucharon atentamente y dieron el visto bueno. Claudia se había decidido por ir a un campamento en la montaña durante la segunda quincena de julio.
Al día siguiente quedó con Mónica y Ariana, dos niñas de su clase a las que se siente muy unida y a las que cuenta todo. Pero ese día ellas notaban como Claudia estaba más contenta de lo normal y no dejaba de hablar de la experiencia que iba a vivir en ese campamento.
Pasó el mes de junio, los primeros quince días de julio y llegaba el día más esperado por Claudia. Se despertó muy pronto para tomar el autobús que la llevaría a cumplir su sueño. Fue un trayecto no muy largo pero si agotador. Al llegar Claudia no se molestó en bajar sus cosas, simplemente miró a su alrededor y respiró aquel aire tan puro que había en el ambiente.
Pasaron los días y cada vez se sentía mejor allí. Una tarde decidió pasear sola por aquel lugar tan limpio y espectacular. Entre aquellas altas montañas y abundante vegetación se encontraba un lago. Se sentó bajo un pino a leer una novela mientras escuchaba a los pajarillos y demás fauna que por allí pasaban.
Al terminar empezó a caminar y una lata de kas llamó su atención en la orilla. Le pareció extraño que la parte superior estuviera completamente abierta. Se acercó, la cogió y descubrió que en su interior se encontraba una nota dentro de un anillo. La leyó con cuidado y guardó el aniño con mucho cariño.
La nota ''Busco una verdadera amistad'' hizo que pequeñas lágrimas recorrieran su pálida cara. Mientras las secaba continuó caminando y sin darse cuenta llegó a un camino. Miró al frente y vio unas luces. Se dirigió hacia ellas y encontró una pequeña cabaña de madera que parecía habitada.
Muy educada tocó a la puerta y pidió permiso para pasar. Quería ocultar su miedo bajo una débil sonrisa pero sus ojos la delataban. Una voz masculina muy dulce la invitó a pasar. Mantuvieron una larga conversación y hasta hubo tiempo de chistes. Claudia vio oscurecer y decidió volver al campamento. Ya en la puerta, despidiéndose, David (el chico de la cabaña) se dio cuenta de un detalle. El anillo que ella llevaba en el dedo anular de su mano derecha le parecía familiar. No tuvo vergüenza en preguntarle por él. Ella le contó la historia que minutos atrás le había ocurrido. Él, después de escucharla, quedó muy feliz, pero Claudia no entendía el motivo de esa felicidad.
Fue David quien escribió esa nota, el dueño de ese anillo, la persona que buscaba una verdadera amistad. Y por casualidades del destino Claudia se fue haciendo esa amiga que tanto deseaba encontrar.
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Una chica de 16 años llamada Amy, vivía en una ciudad muy moderna en la que tenía muchos amigos. En pocos días su familia y ella tendrían que mudarse de casa a un pequeño pueblo, debido a un trabajo mejor para el padre.
Amy estaba triste porque al cambiar de casa iba a tener que empezar de cero y conocer gente nueva.
El viaje se le hizo eterno. Lo único que hacía era pensar en sus viejos amigos y que sería de ella de ahora en adelante.
Cuando llegó, vio una pequeña casa blanca, con un tejado marrón. Era una casa con aspecto cálido y acogedor. Su habitación se encontraba en el segundo piso. No era muy grande, pero a ella le gustaba. Colocó sus cosas en el ropero y en la cómoda y puso las cosas de clase encima del escritorio. Luego fue a dar un paseo para ir adaptándose a aquel sitio desconocido al que se había mudado que sería su nuevo hogar.
Detrás de su casa había un gran bosque verde y húmedo. Amy se adentró en el bosque y encontró una cabaña no muy lejos de su casa.
La madera que formaba la cabaña estaba estropeada y húmeda. La cabaña parecía abandonada. Al tocar en la puerta para ver si se encontraba alguien en su interior, la puerta se abrió sola. Lo único que había dentro eran una mesa y una silla viejas en mejor estado que la cabaña. Se hacía de noche, así que volvió rápidamente a la casa antes de que sus padres se enfadasen por volver tarde. Pero de ahí en adelante ese sería su lugar para pensar.
Al día siguiente, en su primer día de instituto, se sentía bastante apartada porque no conocía a nadie. Al principio de las clases todo el mundo le miraba y hablaban sobre ella. Eso le hacia sentir muy incómoda.
En la hora del descanso un chico se acercó a Amy.
-¡Hola! Me llamo Max. ¿Eres Amy, la hija de la familia nueva que se ha mudado al pueblo, verdad?
Extrañada porque un chico al que no conocía supiera todo aquello, le contestó.- Sí, soy Amy -. Se percató de que en un pueblo tan pequeño era normal que las noticias volaran, y una familia nueva en el pueblo era una novedad.
Max le presentó a todos sus amigos y amigas.
Amy estaba muy contenta porque había conocido a gente nueva y sabia que ya no se iba a sentir sola.
Al día siguiente Amy se puso con sus nuevos amigos, compartiendo sus aficiones, etc.
Había una pequeña tienda no muy lejos de su casa donde se la compraba. Sus amigos no la compraban nunca.
Al tomarse la lata de Kas tenía el mismo sabor que ella recordaba, pero no le sentaba igual. Sentía que le daba energía. Creía que como le gustaba tanto el sabor le cambiaba el estado de ánimo.
Cada vez que podía, Amy se compraba una lata de Kas porque le sentaba muy bien, pero cuando iba a comprarla a la tienda, la dependienta le miraba raro, como si estuviese esperando algo.
A la mañana siguiente, al llegar del instituto y haber comido, vio a su padre en el jardín cortando troncos de madera para el invierno que estaba a la vuelta de la esquino, y decidió ayudarle. La repuesta del padre fue que no, porque se podía hacer daño.
Amy se enfadó bastante porque su padre creyese eso, y le dijo que iba a dar un paseo.
En ese momento recordó la cabaña que había encontrado en el bosque, no muy lejos de allí. Así que decidió ir.
Iba muy deprisa y llegó antes de lo normal, pero del enfado no se dio ni cuenta.
Al ver la cabaña enseguida recordó el primer día de su nueva vida en aquel pueblo y sintió un escalofrío. Se sentó en la silla que había en el interior de la cabaña y se puso a pensar en la pequeña discusión que había tenido con el padre. Se percató de su mal comportamiento hacia el padre y estaba muy arrepentida, así que, después de un buen rato de meditarlo decidió ir a pedirle perdón al padre.
Al llegar a la casa no había nadie. Vio una nota encima de la mesa de la cocina que había escrito el padre:
-He ido a comprar. Volveré tarde.
Al terminar de leer la nota vio los troncos que había estado cortando el padre esa misma tarde y quiso probarse así misma. Colocó el tronco y al cortarlo con el hacha se quedó perpleja. Lo había cortado como si fuese mantequilla. No se lo podía creer. Desconcertada, quiso comer algo rápido e irse a la cama, pensando que todo aquello había sido alucinaciones de ella, así que cogió lo mejor que le sentaba. Una lata de Kas.
Esa noche tuvo sueños muy raros. Eran de superpoderes y cosas inimaginables.
A la mañana siguiente quiso creer que todo era un sueño, pero al ver los troncos que ella misma había cortado con extrema facilidad la noche anterior, era imposible.
Amy no se daba cuenta de que lo que en realidad le estaba cambiando era las bebidas de Kas que estaba continuamente bebiéndo. Le están enganchando como si fuese una droga.
El instituto se encontraba a dos kilómetros de su casa y al quedarse dormida se le había escapado la guagua, pero ella de todas formas se echó a correr. Tenía energía como para estar corriendo un día entero y sentía que cada vez corría más y más rápido. Estaba muy asustada por todo lo que le estaba ocurriendo…
De camino al instituto, Amy empezó a oler a quemado y vio que salía humo del interior del bosque. No pensó en otra cosa que en ver qué pasaba y se adentró en su interior. Llegó enseguida debido a sus nuevas facultades y vio que lo que ardía era una casa.
Estaba muy asombrada y no sabía qué hacer, pero desde el momento en que oyó a un niño llorando, no dudó ni un segundo en entrar a salvarlo.
Al abrir la puerta, una gran explosión la lanzó hacia atrás, pero al levantarse no tenía ningún rasguño. No se paró a pensar en lo extraordinario que era todo lo que le estaba sucediendo y corrió rápidamente hacia el interior de aquella casa en llamas.
Al entrar en la casa lo veía todo rojo, ya que caminaba por encima de las llamas sin quemarse.
Volvió a oír el llanto de un niño en una de las habitaciones del piso superior. Fue lo más rápido que pudo y al abrir la puerta vio que el niño estaba inconsciente y se había metido dentro del ropero para protegerse. Lo cogió en brazos y lo abrazó para que no se quemara. Saltó sin pensarlo por la ventana, ya que no sería ningún problema para ella. Al aterrizar encima de la tierra húmeda, se oyeron crujidos en sus pies al apagarse el fuego de ellos. Enseguida se percató de que el jardín estaba plagado de bomberos y policías que intentaban apagar el incendio antes de que se extendiera. Se quedaron atónitos al ver el salto que pegó Amy del piso superior sin ningún problema y al salir de una casa en llamas sin ninguna quemadura.
Amy, al ver el espectáculo que se había formado, dejó al niño en el suelo y de un salto desapareció de aquel sitio, huyendo de todas aquellas personas que la utilizarían para hacer. No la volvieron a ver en mucho tiempo.